Más allá de los clichés y lugares comunes, ser mamá es un rol tan entrañable como demandante, comprometido y a veces extenuante. No solo depende del número de hijos, también de las actividades laborales, compromisos sociales y tareas domésticas. Si bien los roles y las cargas están cada vez más repartidos en la familia, la mamá es la mamá, y suele ser, en muchos casos, las voz que calma los peores conflictos, alivia un mal sueño en la oscuridad de la madrugada o cambia ese pañal con un contenido indescriptible; la mayoría de las veces con todo el amor y algunas con un poco de desasosiego.

Salidas extremadamente ocurrentes, berrinches monumentales y otras anécdotas en 4 historias compartidas por mamás de verdad como vos.

6 formas de celebrar el día de la madre según el estilo de mamá que tengas

Silvia es mamá de cuatrillizas. Desde ahí ya todo un reto difícil de dimensionar. “Hace tiempo, cuando las niñas tenían 4 años fue la boda de una de mis cuñadas. Mis hijas tenían que desfilar con la canasta de flores. Cuando iban entrando por la iglesia con las canasta de flores, Lucía, una de ellas, de pronto se detuvo y les dijo al resto: aquí venimos repartiendo flores, espero que no se las gasten… y toda la iglesia estalló de risa”

Rocío es mercadóloga tiene 34 años y dos niños, entre sus anécdotas destaca una que nunca va a olvidar: “Estaba en un centro comercial y mi hija le dio una de esas ‘pataletas’ en las que se tira al suelo y no para de llorar. No me quedó más remedio que levantarla y llevarla hacia mi automóvil mientras ella seguía en pleno berrinche. La cuestión es que mi hija y yo no nos parecemos en nada físicamente, ellas es rubia de ojos claros y yo castaña de oscuro ojos marrones. En resumen: el guardia de seguridad se acercó y comenzó a hacerme preguntas bastante raras porque pensó que me la estaba robando”.

Juliana es costarricense, mamá millennial de dos niños y vive en Finlandia. Nunca va a olvidar el registro de su primer hijo Nicolás en el registro civil de Helsinki. “El día que fuimos a registrar a nuestro hijo Nico lo llevamos en el coche. El registro aquí en Finlandia es una oficina súper silenciosa. La gente que está esperando turno no habla o habla muy bajito. Pues nosotros ahí esperando nuestro turno a la Finlandesa cuando de pronto se escucha que alguien suelta un “gas”, pero a un volumen de adulto. Todo el mundo volvió a ver hacia nosotros. Nos vimos con risa nerviosa sabiendo que semejante sonido había salido de nuestro pequeñísimo bebé de dos meses en el coche, aunque nadie lo debe haber creído”.

Lorena es mamá de una niña de 4 y un niño de 7 años. Sus días se reparten entre la maternidad y la responsabilidad de un trabajo de alto perfil ejecutivo. Su recuerdo preferido es este: “Fue una de esas típicas mañanas en las que no se quieren levantar, no quieren quitarse el pijama ni bañarse, no se quieren alistar. Vicky no se quería poner el uniforme, al punto que casi se va sin ropa ese día. Después de todo eso, uno se logra montar en el carro y salir rumbo al kinder. Nos metemos en el tráfico y cuando vamos por la mitad del camino ella tiene que orinar, y no puede aguantar ni un segundo más. Yo iba atrasada para una reunión importante en mi trabajo, totalmente vestida de ejecutiva. Estacioné como pude en una zona verde y la ayudé a orinar apoyada entre mis piernas. Por supuesto que me salpicó de orines por todas partes y no había tiempo para volver a cambiarse de ropa. Al fin llegamos al Kinder y la dejé allí. Todavía hoy recuerdo la sensación que sentí al llegar al parqueo de mi oficina, sentí que llegaba al único lugar donde podía descansar, totalmente agotada de ser mamá, luchando desde tempranas horas del mañana. La reunión salió bien, creo que nadie se dio cuenta de que estaba salpicada con orines. A la hora de almuerzo ya tenía ganas de verla de nuevo.”