Hace poco participé en el evento de Forbes “Mujeres Poderosas Centroamérica”, y entre todas las historias me quedó en la mente que las historias por sí solas nunca son suficientes, sino que existe aún un fuerte reto para empoderar de manera genuina a las mujeres de la región.

Si tuviera que hablar de disrupción real, poder y trascendencia, tendría que entrar primero en la disrupción de mi vida: Ser joven, mujer, mi rol dentro de Coca-Cola y con todo lo que esto conlleva.

Desde que nacemos nos enseñan a ser para los demás, a asumir roles y pretenden convertirnos en "súper mujeres". Es lo que yo llamo la complacencia, donde solo buscamos legitimarnos, acreditarnos y ganar un respeto dándonos a los demás y en muchos casos olvidándonos de quiénes somos y qué queremos. 

Por eso para mí aprender a decir NO debería ser el primer disruptor. Debemos olvidarnos de “la cultura del sí”.

Mi “época del sí” fue en aquel entonces cuando me dedicaba a cumplir todos los mandatos, asumir cada vez más roles y responsabilidades en el hogar como en el trabajo; fue una época de vivir con culpa porque quería demostrarle a todos que podía con absolutamente todo, para demostrarle a otros que sí podemos. 

El “no” fue mi salida de ese ciclo interminable en el que estaba metida. El “no” me dio tiempo, recursos y disponibilidad para construir lo que me apasionaba, para ejercer liderazgo positivo y crecer en mi industria. 

No se trata de ser negativas y decir “no” por vagancia, porque estamos cansadas, porque no nos da la gana u otras razones egoístas, se trata de tener el poder de elegir cuándo debo decirlo siendo completamente honesta conmigo misma y con mis capacidades y roles. 

Construir ese “no” en los momentos indicados es un arte exquisito que se aprende con la práctica en todas las situaciones de la vida. Es un acto de poder.

A lo largo de mi carrera encontré que otro factor en el que solemos fallar es en preguntar. Preferimos complicarnos la existencia y realizar doble pregunta antes de hacer ver a alguien que dudamos de algo. 

Formular preguntas es lo contrario a la debilidad, una buena pregunta en el momento adecuado aclara el camino y nos lleva a buenos términos con la persona a quien preguntamos.

La unión de todas estas habilidades es lo que crea la disrupción del estatus quo.

Mi trayectoria me enseñó que cuando uno logra pararse desde aquello que le da sentido a la propia vida se construye una posición, un carácter, una personalidad.

Cuando tenemos una personalidad podemos potenciársenos, construir potencias vitales y ayudar a desarrollar a otras.

Como mujeres podemos fortalecer, aprender, imaginar, inventar y crear. Podemos reconocernos, reconfortarnos y tomar decisiones en pro de nosotras mismas. 

Un programa para mujeres: 5by20

Es por eso que me sentí identificada inmediatamente con un programa como 5by20 que busca facilitar el empoderamiento económico de 5 millones de mujeres empresarias a lo largo de nuestra cadena de valor para el año 2020, y ahora estará en Centroamérica, Colombia y Ecuador.

Bajo el nombre “Emprendamos junt@s” tenemos la meta de alcanzar a más de 9000 mujeres que serán capacitadas para el 2018

Estas mujeres tendrán un Kit de herramientas para potenciar su desarrollo emocional, su carácter, su personalidad y sus negocios.  ¿No los emociona tanto como a mí?

Mujeres y hombres por igual trabajaremos para que enseñar y empoderar, desarrollar habilidad de inteligencia que potencien los conocimientos técnicos como: autoconocimiento, autoestima, sentimiento de pertenencia y el compromiso con su negocio. 

Así podremos continuar haciendo lo que ya hacemos pero con la fuerte convicción de contribuir a la reducción de la brecha de género, y empoderando a mujeres a quienes de otra forma se les haría increíblemente difícil.

Sigamos, avancemos que el mundo para las mujeres se abre y está lleno de mucho trabajo, pero también de mucha esperanza y oportunidades.

Ángela Zuluaga es VP de Asuntos Públicos y Comunicación para la Compañía Coca-Cola en Centroamérica, Caribe, Colombia, Venezuela y Ecuador. 

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