En el artículo anterior hablábamos sobre el Efecto Pigmalión y cómo la percepción que tienen los jefes de las personas que están a su cargo, influye drásticamente en la motivación del equipo y sus resultados. No es de extrañar que un equipo que sea poco proactivo, perezoso y con resultados básicos, a menudo es gracias a la actitud que tiene su jefe.

Hace un tiempo tuve la oportunidad de dar una serie de conferencias sobre Felicidad Organizacional en una empresa de transportes aquí en Colombia. La cosa era que no podrían sacar a todas las personas de la producción al mismo tiempo para asistir a la charla, por lo tanto tuvimos que dividirlos en 3 grupos, para dictar 3 charlas, durante 3 días. Este ejercicio resultó bastante interesante, porque tuve la oportunidad de interactuar con los diferentes equipos, sus estados de ánimo y la respuesta que iban entregando a medida que se desarrollaba la charla.

Con el primer grupo no pasaba mucho. Para empezar, el jefe del equipo no asistió, enviándole el mensaje subconsciente al equipo de que para él, esa tal felicidad organizacional, no es relevante. Se les notaba bajos de nota y poco participativos. Me preocupaba la falta de respuesta por parte de la audiencia, así que tuve que soltar algunas bromas para levantar el ánimo. Funcionó :)

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Con el grupo dos, en el día dos, la cosa no mejoró en lo absoluto. Este equipo sí venía su respectivo jefe y si bien había mucha participación y debate sobre la temática de la conferencia, el ambiente se sentía pesado y las personas se sentían inconformes, como si el tema de la felicidad organizacional no cupiese en su empresa. Noté algo muy interesante de este grupo y es que su jefe se sentó un poco alejado del grupo, no se mezclaba con ellos, simplemente observaba la escena. A pesar de no estar con el grupo, el jefe era un absoluto referente del comportamiento de las personas en la sala. Si el jefe se molestaba, ellos se incomodaban. Si el jefe se reía, ellos se daban el permiso de reírse también. Es el clásico ejemplo de que los colaboradores son lo que es su jefe, y a pesar de que logré mover esa piedra emocional llamada jefe en un par de ocasiones, el clima de la sala casi siempre fue frío.

Llegó el tercer día con las personas del último grupo y de inmediato noté que este equipo era diferente, estaban llenos de energía, entusiasmo y participaban todo el tiempo. Ese día, la charla fue solo risas y aprendizaje. Me encantó compartir con ese grupo de personas a las que se les notaba no solo las ganas de aprender, sino las ganas de salir a aplicar lo que habían aprendido. Y ¿adivinen qué? Me tomó un tiempo identificar quién era el jefe del grupo porque él estaba sentado con el equipo, como si fuera uno más, se reía y bromeaba a la par con ellos (todo enmarcado en un ambiente de respeto, por supuesto). Logré identificarlo porque cuando hablaba de las características propias de un líder, todos miraban con aprobación a la misma persona. Se notaba que les daba orgullo reconocer que la persona que los lideraba, poseía las características propias de una persona que está dispuesta a sacrificarse por ellos.

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Salí de la conferencia lleno de energía. Feliz por haberlo dado todo con los tres grupos, pero más feliz aún de haber evidenciado de primera mano el poder e influencia que tiene un jefe en el comportamiento, motivación y desempeño de un equipo. Al finalizar la charla siempre les decía; si en su empresa tienen problemas de clima organizacional, al primero que hay que mirar es a la cabeza del equipo.

Así como es mi jefe, así soy yo.

Continuará…





Juan Gutiérrez es Fundador de Colombianos Exitosos, desde donde ayuda a las personas a mejorar en su entorno personal, laboral y profesional a través de charlas, experiencias, programas de formación, conferencias, dinámicas, talleres y capacitaciones.