Las ideas son capaces de transformar cualquier cosa de este mundo, desde recuperar lo que algunos consideran desechable hasta convertirlo en una obra de arte reciclada. Así lo pensó el profesor y arquitecto Marcelo Ferder,Argentino de nacimiento y radicado desde hace varios años en República Dominicana.  La idea cautivo a Coca-Cola y así nace la vinculación del proyecto con la celebración de los 100 años de la de la emblemática botella Contour.

El Proyecto Pixxel nació en Santo Domingo, en el Centro de Emprendimiento e Innovación de la Universidad Tecnológica (CEI-Intec), donde Ferder, en asociación con Alejandro Alcázar Velázquez, llevaron el concepto de crear piezas gráficas a partir de pequeñas piezas provenientes de botellas recicladas, que en conjunto forman una imagen de alto valor artístico, publicitario, ecológico y social.

Para Ferder, este tipo de propuesta entre publicitaria y artística se incorpora de una manera muy fluida en el paisaje urbano, ¨al punto que muchos de los vecinos donde realizamos las obras nos han pedido que no las quitáramos¨.

En total 12 mallas y 9 murales adornaron lugares de alto flujo de personas en Santo Domingo. Finalmente las más impresionantes llegaron a formar parte de la exhibición del Tour de Arte de la Botella en el Centro Comercial Sambil.

Ferder explica que la iniciativa es parte de una visión artística que retoma el pop art, con diseños que toman a las botellas y las transforman, donde se cortan, se multiplican, se le quitan o se le agregan partes pero siempre cuidando que el diseño sea una verdadera obra de arte.

¿Cómo se hicieron los murales?

Las botellas fueron recolectadas por la Universidad, Coca-Cola y su embotellador Bepensa, luego se convirtieron en arte con la ayuda de 6 personas, incluyendo a Ferder y Alcázar. Dependiendo del mural o la valla, los fondos de las botellas PET se rellenaron con fundas/bolsas plásticas o etiquetas, y según cada diseño se le dio una tonalidad con pintura de pared.

Al iniciar el proyecto solo eran 2 las personas (el profesor de arte y un diseñador), más 3 o 4 ayudantes para la implementación. A medida que el proyecto avanzaba, en varias locaciones los mismos transeúntes se incorporaron en el proceso de armado, tomando y compartiendo fotografías del proceso.

Finalmente, de las 12 mallas colocadas a nivel de Santo Domingo, se seleccionaron las más impactantes para el museo.

El proyecto dejó muy buenos resultados, capturando la atención de la gente al ser algo nuevo en el mercado.  Además tuvo un fuerte impacto en las redes sociales, generando concursos interactivos, invitando a visitar estos puntos, compartir imágenes y videos y en algunos casos ganaban premios.