En un día bueno, el viaje de 100 millas desde Gros Morne, una región donde se cultiva mango en el noroeste de Haití, a Port-au-Prince, tarda poco menos de tres horas. Hace seis años, antes de que se repararan los tramos clave de la carretera principal de Haití, llamada RN1, se tardaban siete horas para hacer el mismo recorrido, en un viaje irritante.

El viaje relativamente más corto y más tranquilo, resultado de la constante inversión en la infraestructura vial del país, es un indicador de cómo verdaderamente algunas cosas han mejorado desde el devastador terremoto que azotó a Haití en 2010.

Resulta que Gros Morne también es uno de los lugares donde se llevó a cabo el proyecto Haiti Hope. Hace seis años, yo estaba en Davos con Muhtar Kent, Presidente y Director Ejecutivo de la Compañía Coca-Cola, y el ex director ejecutivo de TechnoServe, Bruce McNamer, conversando sobre lo que se podía hacer para ayudar a Haití, que aún se encontraba en medio de una emergencia humanitaria. Más allá de hacer donaciones a organizaciones mejor equipadas para hacer frente a las consecuencias inmediatas de un desastre natural, ¿cómo podíamos ayudar al país a volver a levantarse?

De esa conversación nació el proyecto Haiti Hope. A partir de la experiencia de Coca-Cola y de TechnoServe en África del Este, donde ambas compañías habían capacitado a pequeños agricultores para producir fruta con calidad de exportación, creamos una alianza en colaboración con USAID, TechnoServe y Coca-Cola, con el ambicioso objetivo de aumentar los ingresos de 25.000 agricultores haitianos.

Haití es un prolífico productor de mango. Una variedad de esa fruta, conocida como Francique, es la que se vende a los precios más altos en Estados Unidos. El cultivo de mangos es una actividad secundaria de temporada para la mayoría de los agricultores haitianos, quienes normalmente tienen sólo unos pocos árboles. Pero con la formación adecuada, organización y el acceso a la información oportuna y precisa sobre el mercado, los agricultores deberían ser capaces de extraer más valor de su producción, mientras adquieren las herramientas y habilidades que podrían aplicar a otros cultivos y actividades.

Haití Hope se puso en marcha en 2010, atrayendo el apoyo adicional de otras organizaciones, como The Clinton Bush Haiti Fund, la entidad haitiana de microcrédito Sogesol y Whole Foods, entre otros. Después de cinco años, el proyecto ha alcanzado varios momentos significativos, pero también ha tenido que superar todo tipo de obstáculos. Por ejemplo, al principio, sólo un exportador de mango estaba dispuesto a trabajar con el proyecto. Ahora, la mayoría de los productores son parte de la iniciativa.

El Presidente y Director Ejecutivo de Coca-Cola, Muhtar Kent, habla en un evento realizado el 29 de febrero en Washington, DC, en conmemoración del Proyecto Haiti Hope. Le acompañan la Administradora de USAID, Gayle Smith (izquierda), el Presidente y Director Ejecutivo de TechnoServe, William Warshauer, y el Presidente del BID, Luis Alberto Moreno.

El proyecto aumentó la producción de mangos orgánicos certificados para el comercio justo, que conllevan un precio superior al de la fruta convencional, y amplió un sistema de trazabilidad en la cadena de valor del mango de Haití. Los mangos de la variedad Francique cultivados por los agricultores de Haiti Hope ahora se encuentran cada año en los supermercados exclusivos como Whole Foods. Además, el proyecto tuvo éxito en introducir a miles de agricultores al funcionamiento de los microcréditos, que ahora los están utilizando con prudencia y de manera productiva.

Naturalmente, gran parte del crédito por el progreso logrado es para los mismos agricultores. Pero ese crédito también se debe atribuir a los socios del proyecto, que lo apoyaron contra viento y marea, incluso cuando algunas expectativas se vieron truncadas. Por ejemplo, la experiencia de Coca-Cola fue fundamental para evaluar la factibilidad de la producción de pulpa de mango en Haití. Al final, después de un minucioso estudio de viabilidad financiera, la idea carecía de sentido empresarial. Pero valió la pena explorar. Ahora estamos preparándonos para evaluar todo el proyecto, lo que ha sido el tema de un caso de estudio de Harvard Business School, que se publicó recientemente.


Haití Hope se encuentra en su etapa final, por lo general, la más difícil para un proyecto de desarrollo, ya que debe tener todo lo que se necesita para asegurar su sostenibilidad, su supervivencia sin más donaciones. Se ha redactado una estrategia de negocios de salida, y está lista para ser implementada por organizaciones haitianas que estén dispuestas a asumir el reto, incluyendo a los exportadores que se han beneficiado del proyecto.

En unos años veremos los frutos de esta transición. Lo mismo ocurre con los más de 70.000 árboles jóvenes de la variedad Francique, que fueron plantados en el marco del proyecto Haiti Hope.

Luis Alberto Moreno es el Presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).