Latinoamérica tiene tres y media veces más agua per cápita que el promedio mundial.  Pese a esta relativa abundancia, se estima que para 2025, cerca de 80 millones de personas de esta región vivirán en zonas catalogadas como de estrés hídrico. Aún más, el incremento en la población, su concentración en zonas urbanas y el deseo por un mejor nivel de vida, traerá aparejado un crecimiento en la demanda de agua para los próximos años.

Las proyecciones indican que entre 2010 y 2050 la demanda por agua crecerá entre veinte y treinta por ciento, lo que sin duda generará una mayor presión a los recursos hídricos.

El aumento de la capacidad de producción de energía y alimentos, así como del proceso de urbanización que impulsan el mejoramiento en el nivel de vida de la población, pueden ocasionar impactos negativos a ecosistemas como bosques, selvas, páramos, humedales, entre otros, que son esenciales para mantener en buen estado las fuentes de agua.

Esta “infraestructura natural” ha demostrado ser también un mecanismo costo eficiente para mejorar la calidad del agua en las cuencas, facilitar la recarga de acuíferos y reducir los efectos de fenómenos como la sequía o las lluvias extremas.  Dicho de otra manera, la infraestructura natural constituye un complemento a la infraestructura tradicional o “gris”, ya que permite entre otras cosas ampliar su vida útil, reducir los costos operativos de plantas de tratamiento, presas y sistemas de bombeo y en algunos casos, postergar inversiones en nuevas fuentes de abastecimiento.

Actualmente el riesgo hídrico es una realidad y ha sido catalogado como uno de los retos más relevantes que enfrentará la humanidad en los años por venir. La magnitud del riesgo es tal, que ningún actor en lo individual puede hacerle frente de manera efectiva, se requiere necesariamente de un cambio sistémico. Este cambio sólo es posible mediante la acción colectiva.

Por eso, en el año 2000, Ecuador emprendió un proceso novedoso para garantizar la conservación de las cuencas que abastecen de agua a la ciudad de Quito. Es así como nace el primer Fondo de Agua de América Latina: el Fondo para la Protección del Agua  (FONAG). Este mecanismo fue constituido por la Empresa Pública Metropolitana de Agua Potable y Alcantarillado de Quito (EPMAPS) y The Nature Conservancy (TNC), la organización de conservación más grande del mundo. A partir de su creación, el Fondo ha logrado reunir a otros socios del sector público y privado unidos para contribuir a garantizar agua a largo plazo para la ciudad.  

Los Fondos de Agua han probado ser una plataforma efectiva de acción colectiva enfocada en la conservación de las cuencas de agua y por lo mismo a la mitigación de riesgos hídricos, que han logrado atraer interés e inversiones de grandes usuarios de agua tanto públicos como privados, así como de agencias gubernamentales locales, nacionales y multilaterales.  

Una alianza con Coca-Cola para garantizar el agua para el futuro

“TNC es una organización no-gubernamental global líder en conservación que trabaja por más de 40 años alrededor del mundo para conservar las tierras y aguas de las cuales depende la vida”.

Desde hace 40 años, TNC trabaja en América Latina para proteger las tierras y aguas de las que depende la vida. Para cumplir sus objetivos, TNC fomenta la creación de alianzas con los sectores público y privado, con la sociedad civil, la academia, las agencias multilaterales y las comunidades.

El Sistema Coca-Cola ha sido un aliado importante para TNC y para la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua en los últimos años; lo que ha dado paso a la creación del proyecto “AGUA POR EL FUTURO”, que busca la conservación y restauración de las fuentes hídricas con el objetivo de devolver a la naturaleza la misma cantidad de agua utilizada en los procesos de producción de bebidas.

Para lograr esta gran meta, Coca-Cola Company y su embotellador en Ecuador, Arca Continental, han invertido recursos para conservar y restaurar 1185 hectáreas en sitios prioritarios para el abastecimiento de agua, entre ellos: Quito (Guambi y Atacazo), Tungurahua (Pilahuín), Paute (Cuenca y Gualaceo), Daule (Isidro Ayora) y  Loja (Jipiro, Pizarros y El Carmen).

A través de la implementación de acciones de conservación y el apoyo a los Fondos de Agua la compañía ha reabastecido 966.600 metros cúbicos de agua a la naturaleza. Además, más de 600 familias se han beneficiado con sus actividades productivas y más de 300.000 se benefician indirectamente por el cuidado de las fuentes que abastecen de agua a sus hogares. Asimismo, se han fortalecido cuatro Fondos de Agua y se apoyó la creación del Fondo de Agua de Guayaquil.

Agua por el Futuro es un proyecto a largo plazo comprometido con el desarrollo sostenible de las comunidades y la  conservación de las fuentes hídricas que abastecen a las principales ciudades de Ecuador.

Los Fondos de Agua, un modelo innovador

Los Fondos de Agua son un modelo innovador de conservación a largo plazo que cuentan tanto con un vehículo financiero, como uno de gobernanza.  Del lado financiero, los Fondos captan recursos de usuarios públicos y privados, así como de fundaciones y otros actores interesados en la conservación. Los recursos son a su vez destinados a financiar  planes de conservación que priorizan las zonas de mayor importancia para la generación de servicios hidrológicos. En el caso de Quito, principalmente los páramos que rodean a la ciudad de Quito.

El vehículo de gobernanza está integrado por los aportantes al Fondo, los cuales supervisan que los recursos captados, cumplan su propósito de proteger y mejorar las fuentes de agua. Además de los aportantes, también participan autoridades locales, universidades y centros de investigación, comunidades que habitan y trabajan en la cuenca, así como la sociedad civil. Al tener a los principales actores  que inciden en la cuenca, se posibilita la generación de acuerdos colectivos para la preservación de las zonas identificadas como importantes para la generación de servicios hidrológicos.

Entre las actividades que se realizan en campo se cuentan el control y vigilancia, la restauración ecológica, la protección de ecosistemas críticos, el mejoramiento de sistemas productivos de las comunidades o propietarios ubicados en las zonas aledañas de las cuencas de agua, la educación ambiental, el monitoreo hidrológico, entre otras.

La experiencia exitosa del Fondo de Agua de Quito ha sido replicada con la ayuda de la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua, creada en el 2011 por TNC, Fundación FEMSA, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (ww.fondosdeagua.org). en Ecuador, en otros países de América Latina, así  como África y muy pronto en Asia. Actualmente existen 19 Fondos creados en México, Costa Rica,  República Dominicana, Colombia, Perú  y Brasil. En Ecuador, otros Fondos de Agua activos son el de Tungurahua, Paute, en la región sur (Loja, Zamora, El Oro) y Guayaquil.

La Alianza provee asistencia técnica permanente; ayuda a identificar y conceptualizar nuevos fondos, así como a apalancar recursos; construye alianzas estratégicas; implementa guías técnicas; establece un marco dentro del cual se comparte experiencias y mejores prácticas; y contribuye al desarrollo de herramientas y acercamientos innovadores para fortalecer y fomentar los fondos de agua en Latinoamérica.