Por alrededor de dos mil quinientos años, los budistas han estado sentados en silencio. El hecho de que lo hayan estado haciendo durante tanto tiempo es razón suficiente para pensar que hay algo en ello. Y, en los últimos años, los líderes de negocios de algunas de las principales compañías del mundo también se han conectado con el valor de la meditación atenta.

Desde la década de 1970, la práctica de la atención plena se ha utilizado cada vez más para mejorar la concentración y la concientización en los mundos corporativo, médico y académico. Según señala la teoría, muy a menudo a nuestras mentes las consume una compulsiva preocupación por el futuro, o la repetición continua de experiencias del pasado. Pero, con la práctica regular, entrenándonos a nosotros mismos para estar más presentes en el momento, la atención plena nos permite romper con los patrones automáticos de pensamiento y centrarnos en lo que realmente queremos hacer.

Si todo esto te suena un poco ilusorio, te equivocas: los ensayos clínicos sugieren que practicar con regularidad la atención plena puede reducir el estrés y la ansiedad, aliviar la depresión[1], aumentar la concentración, la memoria, la velocidad de procesamiento, mejorar el rendimiento cognitivo, e incluso mejorar las relaciones y el bienestar general[2].

Suena bien, ¿verdad?. Ciertamente, los que practican la atención plena se han comprometido con ello. Pero, no es ninguna solución mágica: la atención plena es más efectiva cuando se practica con regularidad durante un período de tiempo. En esencia, la técnica consiste en comenzar concentrándose en la respiración, y luego darse cuenta, consciente y gradualmente y sin emitir juicios, de los pensamientos y sentimientos dentro de tu cuerpo, y de lo que sucede fuera de él. Con el tiempo, el proceso le permite al practicante atento notar cuando sus pensamientos se están apoderando de su mente, en lugar de que suceda al contrario, y, en última instancia, controlarlos.

Aquí te presentamos algunas maneras simples para empezar a practicar la atención plena.

1.Respira

Una técnica popular de entrenamiento mental consiste en concentrarse en la respiración. Siéntate cómodamente en una silla o sobre un cojín, y concéntrate en tu respiración. Inténtalo y experimenta verdaderamente tu respiración, sintiendo como el aire entra y sale de tu cuerpo.

Si tu mente empieza a divagar, no te rindas por perder la concentración; simplemente ten en cuenta que estás pensando en algo y vuelve a concentrarte poco a poco en tu respiración. Si comienzas con cinco o 10 minutos al día, gradualmente descubrirás que lograrás mantener la concentración por 30 a 40 minutos, aunque se considera que 15 minutos es un punto medio.

2. Enfócate

Otro método tradicional de meditación es el ‘escaneo corporal'. Nuevamente, siéntate cómodamente (No te preocupes por colocarte en la posición del loto, aunque no hace daño), y respira. Toma conciencia sobre cómo todo tu cuerpo, todo tu ser, se siente en un momento dado: siente el contacto con el piso, el doblez de tus rodillas, el aire en tu piel, cualquier cosquilleo o presión. Trata de hacer esto en un solo movimiento, como una fotografía de todo tu cuerpo.


3. Escucha


Escucha sin prejuicios. Cuando participes en una conversación, asume el reto de escuchar lo que dice el interlocutor sin asociar un juicio de valor a lo que esa persona está diciendo. Y al responder, intenta hacerlo de la manera más sencilla posible.

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[1] http://www.theguardian.com/lifeandstyle/shortcuts/2014/jan/07/mindfulness-beginners-guide-meditation-technique-treatment-depression

[2] http://www.monash.edu.au/counselling/mindfulness.html