Hoy todos podemos tomar cientos de fotografías y retratar los diferentes momentos de nuestras vidas, pero cuando se trata de captar esas emociones que nos definen más profundamente como seres humanos, son los fotógrafos profesionales los verdaderos expertos en capturarlos.

Dos fotógrafas que residen en diferentes partes del mundo nos ayudan a comprender que nuestra esencia es inmune a las latitudes y las culturas, una buena fotografía siempre logrará reflejarla. Aquí están sus impresiones, sus experiencias y sus trabajos.

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La edad en que nos revelamos tal como somos

La niñez parece ser la etapa ideal para dejar nuestra humanidad al desnudo, pero otros momentos y circunstancias de la vida también contribuyen a retratar nuestras emociones más genuinas.

Para Laura Pardo, fotógrafa costarricense radicada en Estados Unidos, todas las edades tienen su encanto y magia: “amo poder retratar a un niño de 5 años, tanto como poder retratar a una mujer de 50. Actualmente, disfruto mucho fotografiar mujeres, de todas las edades”.

Foto de María Vilma Fonseca Aragón (www.claroscurocr.com).

María Vilma Fonseca Aragón, fotógrafa en Costa Rica, sostiene que la niñez se presenta como una etapa ideal: “cuando hay niños, la sesión ocurre de manera más espontánea, más divertida. Además, los adultos se atreven a romper patrones cuando hay olor a infancia cerca. Pero no se puede generalizar, es un tema que vas más allá de la edad, es sobre la capacidad que tengan las personas de sacar un poquito el alma y dejarla retratar”.

Acontecimientos especiales versus vida al natural

Entre fotografiar los grandes acontecimientos de nuestras vidas versus intentar retratar la vida cotidiana también hay mucho para reflexionar.

“Aunque usualmente me gusta capturar a las personas en su día a día, de manera natural y espontánea, también me gusta crear imágenes en un estudio. Me gusta capturar historias tanto como crearlas”, describe Laura.

Foto de María Vilma Fonseca Aragón (www.claroscurocr.com)

Maria Vilma aborda cada acontecimiento desde su valor singular, pero afirma que se siente más cómoda con el día a día: “creo que cuando sucede una sesión de fotos así, al natural, tal y como sucede la vida, aprendemos a valorar todo lo que pasa en ella. Las fotografías son un medio para detenerse y observar, apreciar y valorar”.

¿Cómo capturar esas emociones que nos identifican?

Algunos dejan al descubierto su espontaneidad, otros la felicidad o la melancolía, pero no siempre es fácil llegar, fotográficamente hablando, a una emoción que nos describa de forma genuina.

“Trabajo duro para poder conectarme con las personas con las que trabajo. Ese es el secreto número uno para que puedan salir los sentimientos que cada uno guarda”, dice Maria Vilma.

Con respecto a su emoción preferida, no duda en decir que es la espontaneidad, “es la que permite a las personas poder ser ellas mismas, salir de tanta regla aprendida e impuesta y dejar que fluya en todo nuestro cuerpo lo que sentimos, dependiendo de la situación que se esté viviendo en ese momento”.

Foto de Laura Pardo (http://laurapardo.com).

Para Laura, con más de 8 años en la fotografía de personas, incursionando ahora en la fotografía de estudio, la clave está en intentar capturar las emociones en crudo, “sean cuales sean. Mi emoción favorita de capturar es sin duda alguna la felicidad, pero me gusta también apelar a la nostalgia”.

Lo más difícil de retratar son nuestras verdaderas emociones

Vencer complejos, quitarse máscaras y complejos, salirse de los estereotipos y redefinir el término posar, alguna de la claves que éstas fotógrafas definen.

“Creo que el gran reto siempre consiste en establecer una conexión con el sujeto, en propiciar el espacio para que las personas se sientan cómodas siendo ellas mismas”, define Laura.

Para María Vilma, “lo más difícil es retratar a alguien que no quiere ser retratado”. Más allá de esto, la fotógrafa insiste en que se debe cambiar la idea de que con la fotografía documentamos, “no posamos, la vida está en movimiento, la vida no es posada”.