Cada año en el mes de septiembre un enjambre de voluntarios bajan a las playas de sus países para contribuir a dejarlas libres de residuos. Ellos forman parte de la jornada de limpieza de playas que ha llevado a cabo - Coca-Cola - con Ocean Conservancy por más de 28 años.

Este viaje al interior de la experiencia de sus protagonistas explica mucho mejor por qué en 100 países, más de de 650.000 voluntarios recogen cada año 12 millones de libras de desechos, en aproximadamente 30.000 kilómetros de costa de todo el mundo.

Gracias al relato de sus experiencias pudimos acercarnos a la importancia vital de cuidar nuestros entornos naturales, pero también a comprender que la actividad va mucho más allá del hecho limpiar una playa.

La satisfacción personal

Eduardo Alfonso Méndez Sánchez,  amante del cine y Connection Planning Marketing Business Leader en Coca-Cola Venezuela, participó este año por segunda vez de la jornada de limpieza en el Balneario de Camurí Chico. Él fue quien nos puso en perspectiva sobre esta primera cuestión. ¨Soy una persona apasionada de las playas, sobre todo de las de mi país, Venezuela, donde creo que están las mejores del mundo. Por ello, la oportunidad de formar parte de este tipo de iniciativas me genera una gran satisfacción como persona y como profesional.¨

Jacqueline Gómez es GL Analyst en Coca-Cola Costa Rica y disfruta caminar al aire libre. En septiembre fue con su grupo hasta la Playa Bajamar, en el Pacífico Central de Costa Rica, para recoger dos toneladas de residuos en una jornada tan extenuante como retributiva: ¨Cuando al final de la actividad anuncian la cantidad de basura recolectada, es cuando uno se da cuenta que valió la pena el tiempo dedicado a la actividad , la experiencia es maravillosa y me siento muy orgullosa en participar en este tipos de proyectos¨.

Su hobbie preferido es dibujar, su nombre es Hans Aguilar y es Asistente de Servicios Generales en Coca-Cola Costa Rica.  El pasado 19 de septiembre también participó en la limpieza de Playa Bajamar y comparte la misma satisfacción: ¨Es súper gratificante, en alguna de las jornadas encontramos una playa súper sucia, llena de llantas, residuos grandes...Es gratificante saber que lo que se recoge sale del ciclo natural del mar y pasa a un sitio donde se va a tratar adecuadamente¨.

Un ejemplo para las futuras generaciones

Mostrar con una acción concreta, como la limpieza de una playa puede ayudarnos a cambiar los hábitos en materia de sostenibilidad, es la herramienta que los participantes destacan como forma de dar el ejemplo a las nuevas generaciones.

Hans considera que es extraordinario haber podido participar en la recolección, ver cómo la gente se entrega en la actividad,  ¨recogen, traen , cuentan , separan la basura, y cómo llegamos a recolectar tantas toneladas de basura en cuestión de 3 horas¨.  Pero sobre todo destaca que ¨es una gran manera de educar a la familia, principalmente a los hijos, en que uno es el primer responsable de arreglar las cosas y que esta casa (el mundo) es de todos nosotros y de quienes vienen¨.

Para Jacqueline, que participa en las jornadas de limpieza desde que el proyecto inició, es un orgullo poder dar un poquito y saber que con eso se ¨están salvando especies, mejorando el paisaje, pero sobre todo dejando un ejemplo para las futuras generaciones¨.

El aprendizaje se interioriza

Todos coinciden en que una cosa es saber qué es lo correcto y otra cosa es hacerlo. El golpe de realidad es contundente. La basura está allí y hay que recogerla. En el proceso de realizarlo el aprendizaje queda grabado para siempre.

Para Jacqueline el aprendizaje es siempre mucho más de lo que uno espera. ¨Poder contar a los amigos y familias la experiencia es maravilloso, poco a poco se va viendo cómo va cambiando la cultura en nuestras  familias y comunidades a través de este tipo de actividades. En el momento que uno participa en este tipo de iniciativas es cuando empieza a darse el cambio en cada uno, y se valora más la tierra donde vivimos¨.

Con 6 jornadas de limpieza, Hans reconoce que la actividad lo ha ayudado a tomar conciencia ¨de lo negativa que puede ser una pequeña acción personal cuando se suma a nivel país. Es más sencillo hacer bien las cosas con los desechos cuando se tiene visible el impacto total.¨

Para Eduardo el aprendizaje es tal que ahora no solo valora al medio ambiente,  sino que lo respeta, ¨como si fuese una persona más, un ser querido.¨

La toma de conciencia y los cambios de hábito

Es una constante que los participantes de esta jornadas reconozcan los cambios de hábitos con respecto al manejo de los residuos que la actividad genera.

Hans Aguilar afirma que la separación de desechos es algo que implementó luego de las jornadas de recolección con Cola-Cola, ¨también poco a poco aprendí a reducir lo que  consumo¨. Hans, que se autodefine amante del medio ambiente en general, reconoce que esta iniciativa le ayuda a visualizar que ¨de repente todo lo que uno hace no es suficiente y se puede querer más a la naturaleza y al mundo en general¨.

¨En el momento en que uno participa en este tipo de actividades es cuando empieza a darse el cambio en cada uno, se valora más la tierra donde vivimos. Uno ahora piensa más cuando tiene algún tipo de basura en donde colocarla y cómo botarla, uno se da cuenta que ahora puede hacer la diferencia¨, concluye Jacqueline.