“¿Yo, depresión? No, ni de lejos, están locos.” Eso piensa uno hasta que comienza a sumar factores y el doctor le dice a uno: estás cerquita, pero podemos evitarlo.

En griego – porque en griego todo suena más lindo – lo llamaban mal humor, pero en nuestros días el doctor te dice que lo tuyo es distimia, que es una etapa pre-depresiva, y que tratada a tiempo te saca de ese estado de ánimo tan raro.

Yo hacía deporte, estaba saludable, tenía trabajo, pero… pero… es una sensación de tener ganas de todo y de nada al mismo tiempo. Como que no te aguantás vos mismo, comés por comer. Andás insoportable, nada te gusta. Pero querés muchas cosas y no sabés por dónde empezar.

¿Suena muy común, no? Y es que lo es, y en las cabecitas de todos, la química se mueve, hay sube y baja de sustancias, que sin saberlo, nos ponen así. Como de malas con todo, y con nadie.

Recuerdo que no entendía por qué haciendo tanto deporte, ganaba peso. Por qué aunque dormía mis horas, igual me despertaba cansada. Me ponía metas, las cumplía pero no me emocionaba conseguirlas.

Este trastorno no va y viene, suele quedarse por temporadas, así que si el médico te dice “mirá, hagamos un tratamiento para nivelarte”, hacele caso. Nadie quiere una depresión, así que aunque me costó creer que podría estar cerca de ella, mejor frené y dije: ¡lo que usted diga, doctor!

Dejé de ser tan dura conmigo misma. No me obsesioné por el peso, ni por los horarios, y tomé el tratamiento que me envió, y su consejo: “llevala suave”. Me di cuenta de que los que nos ponemos muchas metas, muy seguidas, como que nos vamos gastando los cartuchos a lo loco, y el cuerpito y la cabecita necesitan pausa para vivirlo. No hay prisa, no todo es ganar ganar, hacer hacer, llegar, pasar al nivel siguiente.

Leí mucho sobre distimia, y me di cuenta de que debe haber muchas personas con el mismo padecimiento, pero que al igual que yo, solamente pensaban que se sentían “raros” y ya.

Con el tratamiento, desacelerando los motores, pasando un ratito conmigo, sin horarios, - y una escapada a la bajura guanacasteca -, regresé a ser yo. Dormí mejor, comí como la gente, hice ejercicio como la gente. Disfruté el presente, el cafecito, el sudor de correr, dormir 15 minutos más.

Distimia controlada. Creo que no solo es gracias a la pastilla, es gracias a que cuando sentí que “no me aguantaba yo sola”, no lo dejé pasar.

No lo dejés pasar. Vos sos una persona bien tuanis, no te fustigués tan fuerte por el trabajo, la U, los pagos, las metas, la alarma… bajá la revolución y contale al doctor.

Bandida distimia. Puede que sea, puede que no. Si no lo es, mejor. Y si lo es, frenemos a tiempo.


 

 

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