El 9 de septiembre de 1999 comencé mi carrera en Coca-Cola como Gerente de Asuntos Públicos para Centroamérica, con base en Costa Rica. Llegué a Coca-Cola como mucha otra gente: conociendo a la marca más famosa del mundo, sin poner mayor atención a lo que es Coca-Cola como Compañía. Rápidamente comencé a descubrir una muy compleja  y completa organización.

Dentro de mis primeras funciones estaba organizar el departamento, lo que incluía estructurar los sistemas de respuesta al consumidor y de manejo de incidentes, manejo de medios, relacionamiento con audiencias claves, etc. Además, lideraba programas comunitarios de la Compañía para Centroamérica.  Fue un sueño hecho realidad, tenía acceso a recursos para beneficiar a comunidades necesitadas y mi desempeño se medía por la cantidad de gente que beneficiaba. ¡El mejor puesto del mundo!

Durante los primeros años desarrollamos muchos programas pequeños y dispersos. Por mi vocación, decidí enfocarme en niños. Montamos programas de lectura, de reconstrucción de escuelas, de alimentación, concursos de pintura, huertos escolares, cumplimos sueños de niños con enfermedades terminales, celebramos la Navidad con los niños de comunidades indígenas remotas. En mi corazón llevo las caras hermosas y las risas de los niños que conocí gracias a estos programas.

En 2006 la Compañía pasó por una de sus mayores reformas estructurales, una reforma que cubrió muchos frentes, incluyendo la proyección comunitaria.  De allí salió “Viviendo Positivamente” y compromisos en ocho corredores estratégicos: beneficios de bebidas, lugar de trabajo, actividad física, bienestar emocional, agua, empaques sostenibles, cambio climático y comunidades.

Entre otros compromisos ambiciosos, bajo Viviendo Positivamente la Compañía adquirió el compromiso de devolver a las comunidades una cantidad equivalente al agua que usamos en nuestros productos y en su producción, y de promover la actividad física en la comunidad.

De ahí empezó un trabajo intenso para llevar agua a las escuelas y comunidades de todos los países. Montamos sistemas de captación de agua para escuelas en Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador  y programas de protección de agua en escuelas de Costa Rica y Panamá. Luego nos asociamos con el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) para programas de protección del Arrecife Mesoamericano y del río San Miguel, en El Salvador.

Las iniciativas de acceso al agua son muy gratificantes y traen un enorme beneficio a las comunidades más necesitadas, pero necesitábamos algo más para cumplir con nuestra meta de devolver al planeta toda el agua que usamos.  Nuestros colegas técnicos desarrollaron un ambicioso programa de protección de cuencas hidrográficas, en asociación con The Nature Conservancy (TNC).

Hoy por hoy, gracias al programa de protección de cuencas, para 2015 vamos a devolver al planeta alrededor del 65% del agua que consumimos en Latin Center. Limotech, organización independiente, toma todo lo que se hace en la cuenca y lo convierte metros cúbicos de agua devuelta al planeta.  Las intervenciones son variadas y dependen de lo que la cuenca necesite: puede ser siembra de árboles, reubicación de las comunidades que se encuentran sobre las zonas de recarga, desarrollo de ganadería o agricultura sustentable, entrenamiento de los vecinos de la cuenca y desarrollo de actividades económicas alternativas, entre otros.

Este no es un esfuerzo aislado de Coca-Cola.  Somos parte de una colaboración efectiva con TNC, nuestros embotelladores locales (SAB, Coca-Cola Femsa, ARCA-Contal, Bepensa), la Fundación Femsa y muchas otras empresas y entidades de gobierno a nivel local que se han sumado a esta causa.

Un sueño puesto en movimiento

Para montar el programa de actividad física visitamos escuelas públicas, urbanas y rurales, en todos los países de Centroamérica. Nos encontramos con una situación alarmante. La constante en toda Centroamérica es que, en la escuela, los niños no hacen ni una fracción de la actividad física que sus cuerpos y mentes requieren, y que es demasiado peligroso salir a jugar a la calle.

Una vez visitamos una escuela urbana con 1,500 estudiantes en primaria y había una sola bola de fútbol para compartir entre todos. Otra vez, encontramos una escuela que, para crecer, tuvo que construir salones de clase en los patios, sin poder dejar espacio para que los niños estuvieran activos.  Los profesores de educación física son escasos y la asignatura de educación física, tan importante cuando yo era niña, está siendo reemplazada por otras materias, muy importantes, pero incompletas sin la educación física.

Acudimos al Departamento de Educación Física de la Universidad Nacional de Costa Rica con el fin de que, con su experiencia, montara un programa de actividad física en escuelas. De ahí nació “Apúntate a Jugar”.

“Apúntate a Jugar” fue un éxito, alcanzó a beneficiar a cientos y cientos de niños y lo exportamos al Caribe, Ecuador y Colombia. Pero era nuestra primera apuesta y podía mejorar.  En 2013 acudimos a la Universidad de South Carolina, expertos globales en promoción de la actividad física para estudiantes de primaria y secundaria.  De ahí nació “Hora de Moverse” (en algunos países se conoce como “Apuntate a Moverte”), un programa super ambicioso para promover que los niños de Latin Center se muevan una hora al día en su escuela, incluso durante las asignaturas regulares como matemáticas, español o geografía.

Tal como lo queríamos, “Hora de Moverse” facilita que todos los niños se muevan, sean hombres o mujeres, deportistas o no, en espacios grandes o pequeños, con o sin profesor de educación física.  Además, incluimos un elemento de medición para que nos ayude, y ayude a los gobiernos, a determinar cuáles son las ventajas de la actividad física regular en los niños de edad escolar.  Como “Hora de Moverse” está dirigida a niños menores de 12 años, consistentes con nuestra política de no mercadeo a niños, el programa no tiene marca, con lo que los niños nunca se enteran que Coca-Cola está involucrada. Nuestra meta es beneficiar 500,000 niños entre 2015-2017.

Compromisos globales con logros en Latin Center

La Compañía tiene hoy tres grandes compromisos: implementar un programa de actividad física en todos los países en los que operamos, apoyar en el desarrollo económico de 5 millones de mujeres para el año 2020 y devolver al planeta una cantidad equivalente al agua que usamos para nuestros productos y para su producción. En Latin Center estamos muy adelantados con los primeros dos compromisos.

En 2010, luego del terremoto que devastó a Haití, la Compañía quería hacer algo que tuviera tres componentes: apoyar a una industria ya existente, mejorar sustancialmente los ingresos de los haitianos y crear oportunidades para que se quedaran en el campo y no migraran a Puerto Príncipe. Así nació Haití Hope, un programa apoyado por el Banco Interamericano de Desarrollo, (BID), la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y Coca-Cola, en asociación con TechnoServe, cuya meta es doblar las ganancias de 25,000 agricultores de mango en un periodo de cinco años.

Este programa es transversal porque impacta las ganancias de los agricultores, contribuye a mejorar el ecosistema de Haití, promueve la agricultura sustentable y, muy importante, ha sido vital para el desarrollo de 14,000 mujeres agricultoras en el país. Con este programa estamos en camino de cumplir nuestro compromiso de apoyar el desarrollo económico de mujeres.

Nuestra huella

Las estadísticas son frías y no alcanzan a comunicar el verdadero impacto de estas intervenciones en la comunidad. Decir que doblamos el ingreso de 25,000 agricultores de mango en Haití, que un programa de actividad física bajó el IMC de un niño, o que los programas de protección de cuencas han devuelto al planeta x cantidad de metros cúbicos de agua está bien, pero no llega a la esencia de los mismos.

Decir que, gracias al  incremento en el ingreso de una agricultora de mango, hay más dinero para llevar comida a la mesa, mejorar la salud sus hijos o, por fin, mandarlos a la escuela, es ahí donde está el valor de Haiti Hope.

Saber que, gracias a Hora de Moverse, los niños van a aprender más matemáticas o geografía, van a ser mejores compañeros o líderes, o se van a mantener alejados de peligros que acechan las calles de sus comunidades, muestra el impacto multiplicador de las iniciativas de actividad física.

Darse cuenta que cada metro cúbico de agua que devolvemos al planeta representa comida, salud y progreso para las personas beneficiadas y para las comunidades por venir. .. Ahí está la diferencia de los programas de agua.

Hay días en los que no veo claro el camino a seguir.  En esos días recuerdo a aquellas personas cuyas vidas se han mejorado, al menos un poco, gracias a este negocio, gracias a Coca-Cola, y me doy cuenta que todo esfuerzo vale la pena.

Las necesidades de nuestros hermanos son grandes, lo he visto con mis propios ojos. En mis viajes también he conocido gente linda, amable, con ganas de hacer las cosas y de contribuir con el bien de nuestros niños y de la comunidad.

¿Es suficiente?, por supuesto que no. Hace falta mucho más de todos nosotros, incluyendo quienes leen este artículo, para dejar un mundo mejor a nuestros hijos.  Al fin y al cabo, nosotros no heredamos el mundo de nuestros antepasados… Lo estamos cuidando para las generaciones por venir.

En Coca-Cola lo estamos haciendo y, por fortuna para mí, este esfuerzo ha sido gran parte de mis 16 años en esta Compañía.