Regresé hace poco al trabajo después de casi 5 meses dedicada 100% a ser mamá de un niño de 3 años y de una bebé recién nacida. Han sido meses agotadores (física y mentalmente) pero muy gratificantes.

Durante este tiempo me he preguntado constantemente si ser mamá de profesión es un privilegio o un sacrificio. Un privilegio para los hogares que no necesitan dos ingresos o un sacrificio para las mujeres para quienes es muy importante su desarrollo profesional. A continuación mis reflexiones sobre lo que significa ser mamá de profesión y cómo se compara con cualquier otro tipo de trabajo.  

Ser mamá de profesión es más difícil que cualquier otro trabajo:

Normalmente en un trabajo regular te contratan para hacer cosas para las que estudiaste o por lo menos se aseguran de que tengas las habilidades necesarias para aprender rápidamente.  Adicionalmente, estás rodeada de colegas a los cuales puedes recurrir frente a situaciones en las que la solución no es tan clara.

En la maternidad no es así. Sin importar cuántos libros de crianza se lean o cuántos cursos psicoprofilácticos se tomen, nunca se está completamente preparado. Cada niño es muy diferente al otro y las técnicas que funcionan con uno no lo hacen con el otro. Para complicar la cosa un poco más, las solicitudes de ayuda a los “colegas” pueden  terminar en un listado interminable de consejos contradictorios que te dejan más confundida que antes de preguntar.

Adicionalmente, ser “gerente del hogar” no es un título tan sexi como por ejemplo “gerente comercial”. Cuando a una mamá le preguntan ¿qué hiciste hoy?, hace una lista mental de todas sus actividades del día: cita con el pediatra, terapia para que el bebé aprenda a gatear, research de recetas de cocina y remedios caseros, compras de uniformes y útiles escolares,  parque, muuucho parque, clases de natación, primeros auxilios, organización de eventos. Pero al final solo logra contestar la pregunta con un “nada” o en el mejor de los casos “nada especial, lo de siempre”. O, como diría mi hijo “regañar a toooodo el universo”.

Ser mamá, desarrolla muchas de las llamadas soft skills:

Quienes no tienen hijos o sobrinos no se imaginan que tan retador puede ser sostener una conversación con un niño de tres años: cadenas interminables de porqués, cambios permanentes de tema, terquedad extrema.  Definitivamente, es más fácil negociar con la racionalidad de un socio comercial, que con la interminable imaginación de un niño.

Para ser mamá y sobrevivir en el intento es indispensable aprender a negociar, influenciar, administrar el tiempo, generar empatía, comunicarse de manera asertiva y efectiva.  

Ser mamá de profesión es muy gratificante:

Aquí solo puedo decir que en el performance review no te premian con bonos, aumentos o ascensos, sino con abrazos, sonrisas y miradas inocentes. Sentir que significas el mundo entero para esa personita es algo intimidante, pero muy emocionante.

Ser mamá (O papá, porque supongo que los hombres se hacen silenciosamente este tipo de reflexiones) no debería ser ni sacrificio, ni privilegio y ya hay empresas que lo están entendiendo.

Afortunadamente trabajo en una de ellas. Regresar al trabajo después de la licencia de maternidad es una experiencia dura y llena de sentimientos encontrados: culpa, vacío, ansiedad por no estar con los niños, un poco de envidia hacia las personas que los están cuidando, pero al mismo tiempo alegría, emoción y satisfacción por volver a tener conversaciones adultas, negociaciones racionales y un poco más de control sobre el tiempo y el espacio.

El beneficio de flex time post-natal (Dos meses de trabajo part time) que ofrece Coca-Cola, es un periodo de transición que le permite a la mamá y a los niños adaptarse nuevamente a las rutinas de una familia con padres trabajadores. Beneficios como este, constituyen un salario emocional que influye cada vez más en la fidelidad de los empleados, haciéndolos una gana-gana para las empresas y sus empleados.

Quisiera cerrar esta nota con los consejos que he recibido o leído y que creo que sí funcionan:

Para quienes son mamás trabajadoras:

  • Simplifica tu vida. No trates de hacer más de lo que es humanamente posible. No agendes más actividades de las que se pueden hacer. Aprende a delegar (en el trabajo y en la casa), prioriza.

  • No te culpes por estar fuera de tu casa. Si estás trabajando en lugar de estar en casa seguramente es porque necesitas el ingreso para ofrecerle mejores oportunidades a tus hijos o porque para ti es muy importante tu realización profesional y trabajar te hace una persona más feliz y por lo tanto una mamá más feliz.

  • No te sientas culpable por usar los beneficios que te ofrezca tu compañía (Flex time, home office, etc.). ¡Para eso están!

  • Nunca te quejes de tu trabajo frente a tus hijos.

Para quienes son mamás de profesión:

  • Establece horarios y rutinas en tu casa y asegúrate de reservar un espacio solo para ti.

  • Busca espacios en donde puedas desconectarte de tu casa. Una clase de yoga, un club de lectura, un curso de idiomas, una actividad de voluntariado, etc.

  • Siéntete orgullosa de tu profesión.