Aunque el nombre mismo lo dice, déjame contarte la historia de los storytellers y el storytelling.

Alguien nos metió en la cabeza que “uno no habla con extraños”. No sé vos, yo sí hablo con la gente que no conozco. Y por eso me encantó la idea del storytelling. Ir al frente, contar algo mío, sobre mí, que me pasó, que me afectó, que me impactó. Eso suena simple pero es bien intenso.

No solo es tener algo que contar, es contarlo bien.  Todos conocemos alguien que se enreda para contar algo simple, cambia lugares, nombres, y al final dice “bueno, algo así creo, es que yo no lo cuento tan bonito como fulano”.

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Storytelling es el arte de contar algo muy nuestro a gente que no conocemos. Hay clubes en muchas ciudades del mundo donde gente extraña se reúne a ponerse atención, a contarse historias cortas. Desde The Moth en New York, hasta Candelilla, en San José de Costa Rica.  La tendencia llegó para quedarse, por suerte.

Todo esto, ojalá con el teléfono en silencio, o mejor aún apagado.

“¿Y por qué con gente y yo al frente? Eso me da pena”. Porque no habría storytellers sin público para escuchar.

Y claro, uno se da cuenta cuando le están poniendo atención o no. Si la audiencia va de la mano con vos viviendo el relato, si reacciona, si cada palabra le va dibujando una imagen en la cabeza.

Puede que les haga gracia. Lloren o se asombren. Pero la intención es que nadie permanezca indiferente a lo que les contaste. Y es que eso que te impactó a vos, bien contado, seguramente impactará a otros.

Creo que lo mejor que podría pasarnos para iniciar sin miedo en esto del storytelling sería que se vaya la electricidad en casa, y ahí en la sala, con una velita, sin sueño y nada más estando juntos soltar la historia.

No todo hay que contarlo en 240 caracteres, con emojis o en un audio de whatsapp.

Si se nos ha olvidado el arte de contarnos cosas, se nos ha olvidado lo más importante: contárselas a los demás, a un extraño. ¡Uno no sabe qué tan buena es la historia hasta que la suelta!

A veces el storytelling simplemente sucede, sin micrófono. Entré a la tintorería, y las muchachas que atienden estaban llorando de risa, con tanta gana, que le tuve que decir a una: “ay,… qué rico que se ríe, cuénteme, yo quiero saber”. Limpiándose las lágrimas de risa, me lo contó.

Nada. Storytelling es la excusa para que la gente sea más gente. Abrirse a dejar que otros sepan de esa anécdota que cambió tu vida. El encuentro inesperado. La palabra que te marcó. Una sensación, un olor.

Los humanos tenemos algo increíble: las palabras. No tenemos alas, ni máquina del tiempo, pero con palabras se puede todo. Por eso aprender a ser un buen contador de historias, es aprender a conectar con lo más humano de uno. Y está de moda, ¡qué dicha!.

En esta foto me reconozco con el susto, la emoción y la felicidad de contar algo muy muy mío, a gente que no me conoce. Pero esa noche me puso atención, y en menos de 10 minutos, nos hicimos cercanos. A pura palabra


 

Marianella Cordero es periodista, maratonista, blogger y apasionada por la vida. Puedes seguir sus experiencias e historias en su cuenta de Twitter, Instagram o Facebook.