Un hombre de Zimbabue que transforma la basura de restaurantes en tesoros, nos muestra que la perseverancia y la creatividad pueden conquistar los obstáculos que aparentan ser los más difíciles de superar.

Ishumael Mhike, de 37 años, afirma que él salió de la pobreza y sacó a miembros de su familia de dicha condición gracias a sus creativas obras de arte, las cuales crea cortando, doblando y manipulando latas de aluminio de Coca-Cola, y convirtiendo otros residuos en animales salvajes y vehículos.

Mhike vendía su arte en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, cuando un atacante le disparó, y una bala dañó su columna vertebral, lo que lo dejó confinado a una silla de ruedas.

 "El delincuente me robó después de que yo vendí mis artículos", explicó Mhike desde su casa en Zimbabue, donde vive con su esposa y sus hermanas. "Y tomó todo y me dejó paralizado."

Mhike admite que el camino hacia la recuperación después del incidente en el año 2001, que lo dejó sin poder usar sus piernas, fue mental y físicamente difícil. Pero la parte más dolorosa del proceso de restablecimiento fue ver la forma en que sus amigos y familiares se vieron afectados.

"Todo el mundo sentía lástima por mí", recuerda. "Para darles valor a todos, en 2013 decidí volver a mi taller, a trabajar de nuevo por mi cuenta."

Mhike, quien ahora trabaja el metal por cuenta propia con sus dedos en lugar de usar soldadura, corta cuidadosamente tiras de latas de aluminio con unas tijeras afiladas, haciendo lo que él llama "ensartado de latas." Él usa las tiras para atar trozos a un armazón de alambre, convirtiéndolas sorprendentemente en animales delicados, instrumentos y vehículos con partes móviles.


Con los desechos cuidadosamente recolectados en un recipiente para reciclaje, Mhike crea ejércitos de criaturas fantásticas que destilan movimiento, incluso cuando están inmóviles.

Un dragón con escamas brillantes y alas parece estar a punto de saltar en el aire. Los escorpiones hechos con latas de Coca-Cola parece que van a atacar, mientras que las jirafas arquean sus largos cuellos para alcanzar ramas con delicadas hojas de estaño.

Él exhibe su arte en un centro comercial cerca de las Cataratas Victoria, el mismo lugar donde también obtiene su materia prima.

"En ese mismo centro comercial hay dos restaurantes de donde provienen todas las latas vacías de refrescos, y en lugar de colocarlas en el cubo de basura, las ponen en mi caja recolectora", explica.

Mhike dice que su arte es una ocupación necesaria.

"Este arte me ayuda mucho con el pago del alquiler, a comprar comida y ropa," dice. Si las ventas son especialmente altas, envía dinero a otros miembros de su familia para "ayudarles a vivir bien."

Según Mhike, aunque puede que no sea rico, su arte le ha salvado la vida en formas menos tangibles que la comida y un techo.

"Hacer obras de arte me ayudó a sobrevivir", dice. "Cuando vendo poco, sigo auto motivándome, diciéndome que lo lograré."