Reto:

1. m. Provocación o citación al duelo o desafío.

2. m. Acción de amenazar.

5. m. Objetivo o empeño difícil de llevar a cabo, y que constituye por ello un estímulo y un desafío para quien lo afronta.

No sé si en esta definición de la Real Academia se basaron para ponerle nombre a esta carrera. ¡Pero evidentemente cumple con su significado!

Los primeros años del reto Powerade se corría en La Ribera de Belén, subiendo una cuesta enorme hacia Firestone. Si corrías 10 km, solo lo hacías una vez. Pero si te tocaban los 21km, luego de llegar a la meta, tenías que volver a dar una segunda vuelta completa.

Puede interesarte: Un chef y deportista que alimenta un estilo de vida saludable

¡Era una cosa de locos!, un entrenamiento para la cabeza, las piernas, tolerando el calor. Pero al final, eso era lo que queríamos, que fuera difícil, y para que doliera más, hacerlo dos veces. Luego la ruta varió y en lugar de subir dos veces la cuesta, había que bajar hacia la Guácima, volver a subir a Belén, siempre con cuesta. Con menos público en la calle, pero igual de duro, especialmente el cierre del cruce hacia La Ribera, ahí ya uno no quería pensar más. Las piernas iban solas.

Reto Powerade 2013.

Es una de las carreras más populares y esperadas – justo se hace en agosto, apenas para que sirva como fondo para maratones de octubre y noviembre – aunque creo que en ninguna de ellas, se sufre lo que sufre uno en estos 21 km.

Nadie se mete a una carrera a sufrir… ¿o sí? Bueno, no. Pero sí a probar si el entrenamiento ha valido la pena, hacer algo distinto, terminar en la meta diciendo “¿vieron?, como sea, ¡pero terminé!”

Un reto que se renueva

Este 2017 tuvimos ruta nueva. Este domingo recorrimos los recovecos de Guachipelín, subimos hacia la Sabana pasando Los Anonos, el boulevar de Rohrmoser, y de nuevo calle vieja hasta regresar a Multiplaza, el punto de salida.

Una ruta llena de columpios. Recuerdo ir pensando: “pero cómo, ¿8 km ya y no hemos salido de Escazú”. Yo sabía que hasta que llegáramos a Pavas no podía cantar victoria. Distinto a otras veces, todos íbamos calladitos, como reconociendo paso a paso, porque esto, sin ser La Ribera, también iba a doler, a ratos arrepentidos o pensando “qué dichosos los de 10 y 5 km, esos ya terminaron”.

Decía un rótulo que solo faltaba un kilómetro. Yo no le creía. “¿Un kilómetro para Multiplaza? No, no, yo no quiero saber más de Multiplaza ni para ir de shopping, ya quiero mi desayuno, una ducha y dormir.”

Bien organizada,  con muchos voluntarios recogiendo basura y marcando la ruta, y mucha asistencia. Claro que aparte de agua nos hidratamos con Powerade. Este año fue azul. Los corredores recordamos el color, como si el color fuera un sabor.  “-¿Qué sabor de Powerade te compro? - ¡El rojo, el rojo!”.

Esta es la altimetría del Reto Powerade, algo que todos los corredores de los 21K sufrimos por igual.

Ya no sé cuántos vasos de Powerade azul bebí, ni cuántos “bolis” de agua consumí, pero sé que necesito que pase un año entero para olvidarme de este reto. Las piernas siguen acordándose, y eso fue domingo.

Esta media maratón es parte de mi entrenamiento para maratón de New York… ya sé que Manhattan no va a estar tan columpiado. Creo que no… ¡Los maratonistas no tenemos memoria! Por eso sufriré el mismo reto en 2018. Y de nuevo, azul por favor.

 

Marianella Cordero es periodista, maratonista, blogger y apasionada por la vida. Puedes seguir sus viajes, experiencias e historias en su cuenta de TwitterInstagram o Facebook.