Esta es una tradición muy latina, así de simple: el 31 de diciembre, con una maleta en la mano, le das la vuelta a la manzana a medianoche, "para viajar mucho" en el año que viene.  Parece mentira que la gente lo haga – pero sí, muchos lo hacemos – y también parece mentira que funcione, pero ¡sí funciona!.

Pensalo: si tanta gente lo hace,  ¡por algo debe ser! Yo puedo asegurar que funciona, porque desde que lo hago no tengo un año quieta: por trabajo, por suerte, por gusto, por casualidad, siempre que me subo al avión me acuerdo de este ritual.

Me lo enseñó una muchacha peruana, se lo copié y desde que lo hago, no lo hago sola: mientras corro, me encuentro vecinos, desconocidos, gente “loca” que como yo se anima a echar ropa en la valija y correr con ella alrededor de la cuadra.

¿Cómo se hace?

Tené lista la maleta el 31. Le ponés dentro lo que necesitarías para ese o esos viajes. Ropa de invierno o de playa, según. Pasaporte, mapas, fotos o guías de viaje, lo que indique para dónde querés ir. Yo siempre quiero viajar para correr, entonces incluyo un par de tennis.

A las 12: beso y abrazo a la familia, se abre la puerta, agarrás la maleta y ¡A LA CALLE! Corriendo rápido, lo más rápido que podás, le das la vuelta a la cuadra. Por seguridad, ojalá te acompañe alguien. Igual mientras lo hacés, te va a pasar como a mí, que me topaba vecinos con sus valijas, mochilas o hasta bolsas plásticas, haciendo lo mismo. ¡Las carcajadas son inevitables! Yo solo les grito “¡buen viaje!”, mientras el cielo se llena de fuegos artificiales y se oye música y risas por todo el vecindario.

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Y ya. Entrás de nuevo a casa, tomás aire, y a seguir celebrando el Año Nuevo.

Es de mis tradiciones favoritas, por divertida y por fuera de lo común. Hubo un Año Nuevo que lo pasé en una finca muy grande y apartada, entonces solo le di vuelta a la casa (igual viajé). Otro año, no lo pasé en mi casa sino en casa de otra familia, ahí me siguieron la corriente algunos invitados y nos reímos mucho (también viajé). Cuando viví en una casa alejada en una montaña, no era ni cuerdo ni seguro darle vuelta a la montaña: entonces salí de la casa, y le di varias vueltas al carro (también viajé).  El colmo fue cuando le dimos la vuelta al parque de la ciudad con mi amigo Kevin. ¡Más vigilados que nunca! Los policías nos miraban extrañados pero nos cuidaron y se rieron con nosotros y de nosotros, pero ¡también viajamos!

¿Por qué no hacerlo? “Qué ridículo” (ay por favor, te sorprenderías al ver la cantidad de gente que lo hace, y es de las cosas más divertidas que se pueden hacer con la familia, así que “bai” con la vergüenza). “Es peligroso” – depende de la ciudad, pero si el condominio, la casa o la vecindad son seguros, ¡dale!

Conozco gente de casi toda Latinoamérica que lo hace. En México, en Colombia, Perú, Costa Rica, ¡en todas partes! Yo para aprovechar mientras corro, me voy comiendo las 12 uvas.

Este año muchos pondremos un mapa de Rusia – quién no quiere ir al Mundial -, en fin, el destino no importa. ¡Feliz año y feliz viaje!