Todos tenemos una historia de amistad, pero pocos quizás una tan original y donde Coca-Cola forma parte de ese lazo. En el caso de Javier Calderón y David Valverde su amistad comenzó por la afición al coleccionismo, especialmente de objetos de la marca Coca-Cola.

Ambos viven en la provincia de Cartago (Costa Rica) a unos 10 kilómetros de distancia entre sí. El amor por el coleccionismo los unió desde hace 4 años. Todo se dio por medio de una publicación en Internet que los puso en contacto y desde ahí siempre que encuentran algo coleccionable no dudan en avisarle al otro.

Javier tiene su colección gracias a la ayuda de su madre y su tío. Ella le guardó todo lo que tiene desde que era un niño de 11 años, y así fue como Javier empezó a ver el coleccionismo como algo más que un hobbie.

Dentro de su colección se pueden encontrar muchos objetos llamativos, pero dos tienen un valor especial para Javier. El primero es un albúm del mundial de España 82 que le regaló su tío y que dio inicio a toda su colección. El segundo, pertenece a la larga relación entre el fútbol y Coca-Cola, un calendario del mundial de 1970, que guarda con recelo de quienes llegan a admirar su colección.  

La pregunta era obligatoria, ¿cuál es el valor de tu colección?, la respuesta es clara, “para mi es invaluable” afirma Javier con mucha seguridad. Aunque han existido buenas ofertas por sus preciados objetos, el dinero no lo logra convencer y su respuesta siempre es negativa.

Su pasión lo ha llevado a tener un cuarto específico de su casa dedicado a las colecciones y en una esquina destaca el rojo de Coca-Cola. El objeto más grande es la Villa Coca-Cola, que fue lanzada en la época navideña. La villa está compuesta por diferentes secciones que al unirlas completan la colección.  En lo más alto del cuarto se destaca un rótulo electrónico de Coca-Cola, que como cuenta Javier, se lo regaló un “gringo”.

También puedes leer: Un mini museo de Coca-Cola escondido en Costa Rica

10 Kilómetros al norte vive David Valverde, un apasionado de Coca-Cola y de las colecciones. “Coca-Cola tiene muchos objetos coleccionables, por eso decidí solo tener objetos de los años 80s y 90s” dijo David al hablar sobre cómo inició su colección.

Desde hace 14 años se dedica a poner cada nuevo objeto coleccionable en un lugar especial de su casa. Para David lo mejor de coleccionar es poder revivir momentos por medio de un objeto, por ejemplo la botella de Sprite de 1996 que fue su primer recuerdo que decidió acomodar para la posteridad.

Su colección está llena de pequeños detalles, desde botellas viejas, hasta una lata que al aplaudir empieza a bailar, un objeto que promocionó Coca-Cola a inicios de los 90s con la idea de incluir la lata en el mercado costarricense. El color de los Hielocos se contrarresta con el gris de las chapas que tienen grabado la imagen del personaje del momento en la que fueron distribuidas.

David destaca que Coca-Cola daba la oportunidad en ese momento a los niños de tener juguetes muy llamativos y de buena calidad a un precio relativamente accesible, comparado con juguetes similares.

Te puede interesar: Colombia se prepara para recibir a los amantes del coleccionismo de Coca-Cola de todo el mundo y más

David tiene una lata que baila cuando se aplaude

Ambos evitan poner precio a sus colecciones y no piensan deshacerse de ellas, más bien con cada oportunidad que tienen de ampliarla están de primeros, ya sea en una convención, sitio de internet u otra persona que comparta su hobbie.  

Entre risas y recuerdos los dos se cuestionaron por qué no existe un grupo de coleccionistas de Coca-Cola en Costa Rica, y al final llegaron a la idea de que crear uno sería una buena idea.