En 1880, es decir 136 años atrás, comenzaba la actividad en el Mercado Central de San José, Costa Rica, el mismo mercado que muchos aún utilizamos para hacer compras o detenernos por un refrigerio.

Cada mañana el Mercado burbujea entre el llamado de vendedores y aromas diversos, que van desde nueces hasta frutas exóticas, mientras las caras de locales y extranjeros se mezclan en cada punto de venta. Sin embargo, una de las paradas más arraigadas en el paladar de los ticos es, sin lugar a dudas, la Soda Tapia, que cumplió 122 años de servir los más auténticos sabores costarricenses.

La Tapia, como cariñosamente todo el mundo le dice a este emblemático restaurante de minutas típicas, tiene muchas historias para contar, que se van desmigajando por las charlas que cada día comparten sus dueños, empleados y clientes.

Elia Bruno Tapia (70) y su hermana Ana Isabel (67), ambas pertenecientes a la cuarta generación de la familia, se encargan de llevar adelante el negocio, alternándose los días de la semana en la soda.

De esta manera, los comensales pueden aprovechar la oportunidad de intercambiar conversación con las dueñas originarias, que están allí detrás del mostrador, despachando deliciosos desayunos, almuerzos y postres; representando la dinastía centenaria del negocio.

¨Desde que era una niña me acuerdo ver esas botellitas de Coca-Cola de vidrio tan simpáticas que venían antes¨ recuerda Ana Isabel. Charlando con ella y haciendo cálculos, pudimos determinar que Coca-Cola está oficialmente en la Soda Tapia desde que comenzó a embotellarse en Costa Rica, promediando el año 1942.

Pero hay otra señal inconfundible que está allí para darnos testimonio de su presencia.


El legendario letrero de Coca-Cola que cuelga justo en medio del pasillo de la soda, que tiene más de 50 años de antigüedad y tiene el nombre completo de la Soda Tapia labrado. Una marca en el tiempo y una reliquia más dentro de la historia del Mercado. El personal de la Tapia nos contó que nunca lo quisieron cambiar, y que solo se limitan a limpiarlo con mucho cuidado, ya que no existen repuestos ni quien lo repare.

Para Elia y Ana Isabel no hay nada como mantenerse activas y seguir llegando por las mañanas a dirigir la soda. Para ellas, disfrutar un arreglado con una Coca-Cola bien fría es palabra mayor, una combinación que aseguran es muy pedida por la clientela; aunque muchas otras combinaciones y recetas únicas entran en la competencia de estos placeres reparadores, ideales para hacer un alto en la jornada.

Todas las recetas del restaurante son de herencia y factura familiar, al punto que la quinta generación participa en la elaboración de muchas de ellas, como el queque seco de moka, los tamales o los helados de cas y natilla, sabores inconfundibles que hacen regresar a muchos ticos para recordarlos en sus paladares.

Si estás en el centro josefino, una Coca-Cola y un menú bien típico de Costa Rica te están esperando con cientos de historias para contar.