La pasión de Pilar Carmona no tiene límites, su cuarto es un museo de recuerdos de Coca-Cola, en cada artículo guarda un recuerdo que atesora en forma de colección. Ella no colecciona cartas, Hielocos, Botellas o Latas, ella colecciona momentos de felicidad, risas con sus amigos y sobre todo una visión optimista de la vida que adquirió desde que tenía alrededor de 6 años.

Hoy en día Pilar cuenta con cientos de historias divididas en colecciones de naipes, artículos de cocina, latas, cuadros, libros, botellas de distintas partes del mundo, donde destaca una botella de vidrio en hebreo y un Yo-Yo Coca-Cola, entre otros artículos.

La primera chispa se encendió cuando una visita a la embotelladora en Costa Rica, país en que reside, aprendió cómo se hacían los envases, se llenaban con la bebida y todo el proceso que había detrás de ellas. Ella quedó cautivada cuando llegó a la sala donde “podía tomar toda la Coca-Cola que quisiera”.

La decisión de coleccionar los artículos de Coca-Cola llegó hace unos 15 años, cuando empezó a buscar entre sus juguetes y adornos que quedaron después de su infancia.

Pilar es médica de profesión y está esperando obtener una especialización en Geriatría, pero apenas finalizan los estudios y la jornada laboral, ella se quita su gabacha y se acuesta a dormir debajo de sus sábanas decoradas con botellas de Coca-Cola.


Un sabor que corre por las venas

Los mejores recuerdos de Pilar se crearon con una Coca-Cola, especialmente porque su familia y vida ha girado alrededor de las famosas botellas. Desde afuera su casa se ve como cualquier otra, tras pasar la puerta principal pequeños detalles delatan la afición de sus habitantes.

Un pequeño colgador de llaves con el logo de Coca-Cola y un rótulo al final del pasillo son los únicos indicios de que la marca ha tomado parte de la casa, adentrándose cinco pasos más se empieza a vislumbrar el cuarto de la coleccionista, primero con pequeñas formas de botellas y luego dando paso a un mágico mundo de souvenires en distintos idiomas.

“Todo comenzó por mi papá que trabajaba para la Compañía Coca-Cola en Centroamérica y pasaba regalándome todo lo que se encontrara. Uno de los mejores momentos que he pasado fue cuando me dijo que me regalaba su colección completa de naipes”, cuenta la coleccionista.

Otro de sus mayores tesoros es un mueble hecho de madera, pintado de rojo y con forma de la botella contour, donde Pilar muestra algunos de sus más preciados artículos.


“El mueble me lo mandó a hacer mi papá para una Navidad, fue el mejor regalo que me han dado, ya mis amigos saben que si quieren regalarme algo con cosas de Coca-Cola van a quedar bien”, agrega Pilar.

Gran parte de su colección se gestó desde pequeños regalos de sus personas cercanas y cada pieza está llena de muchos recuerdos. Por ejemplo, la única botella que tiene en hebreo fue traída por un amigo a quien detuvieron en el aeropuerto por transportar una botella de vidrio en su maleta sin saber que era un souvenir.

“Cuando lo detuvieron él tuvo que explicar que era un regalo para mí, después de ver las letras en hebreo entendieron que se trataba de una botella para una colección y finalmente lo dejaron pasar” cuenta la coleccionista entre risas.

A pesar de su amplia colección, aún hay dos artículos que siguen escapando de sus manos, los carros en miniatura de Coca-Cola y la bomba de gasolina que su papá logró rescatar y restaurar después de un desecho. Los primeros tal vez los consiga cuando una amiga regrese de su viaje y busque entre sus juguetes de pequeña, el segundo aún falta tiempo hasta que quizá en alguna Navidad encuentre la estación con un lazo creando un nuevo recuerdo que estará en su colección.