Tres cuartos de la superficie de nuestro planeta está cubierto de agua, siendo el 97% agua salada y el 3% agua dulce, de la que solo el 1% es apta para consumo humano. Si bien existe amplia conciencia sobre estas cifras, no sucede lo mismo con el rol clave que, en este contexto, juegan las cuencas hidrológicas, encargadas de captar, regular y almacenar agua dulce y así, asegurar su cantidad y calidad, así como su distribución a lo largo del año.

Una cuenca funciona como un gran recipiente o esponja donde se capta el agua de lluvia y se almacena temporalmente, liberándola poco a poco dependiendo del estado de los suelos y de la cobertura vegetal (específicamente los bosques), transportándola para abastecer a comunidades, ecosistemas y ciudades. Son, de hecho, la principal fuente de agua dulce de la mayoría de las ciudades del mundo e indispensables para mantener la biodiversidad y la integridad de los suelos.

Sin embargo, las cuencas enfrentan mucha presión como el cambio del uso del suelo, la deforestación, la variabilidad climática, los procesos productivos y los incendios forestales, alterándose en consecuencia la capacidad de la cuenca de generar cantidad y calidad de agua para todos. Ante esta situación, en WWF Mesoamérica identificamos diez aspectos clave vinculados a su manejo integral y conservación.

1. Conocer las cuencas. Lo principal es entender la situación natural de la cuenca, es decir, su estado natural hídrico y socioeconómico: con qué recursos naturales se cuenta como bosques, suelo y agua, biodiversidad (flora y fauna), cuál es su oferta (hídrica, potencial agrícola y forestal) , conocer la demanda y si está presionada por la agricultura, las comunidades, las condiciones naturales, los incendios, la contaminación. Lo cierto es que muchos países no generan esta información y se desconoce la situación de la cuenca alta; donde debe trabajarse en la protección de los bosques, la cuenca media; donde están las comunidades y las diferentes partes de la cuenca, las ciudades, donde resulta clave la gestión adecuada de los residuos sólidos y aguas residuales. 

2. Planificación e instrumentos de gestión. Un diagnóstico sobre los aspectos biofísicos, socioeconómicos e institucionales de la unidad hidrológica (cuenca, subcuenca o microcuenca); específicamente los recursos hídricos superficiales y subterráneos para que, con ese conocimiento, se desarrollen instrumentos de manejo o gestión como planes de manejo integrado de las cuencas, es clave para protegerlas. En este sentido son deseables los proyectos y programas inclusivos donde participen usuarios del recurso hídrico, empresas, organizaciones locales, gobierno central y local, comunidades, universidades entre otros. El objetivo es fortalecer la gobernanza del recurso hídrico para tomar decisiones entre todos los sectores y así implementar prácticas sostenibles como: reforestación, manejo de incendios forestales, protección de bosque, la gestión del cambio climático, entre otros componentes que integra un plan de manejo. Esto, sin olvidar al ecosistema de agua dulce como un usuario.

3. Prácticas sostenibles. Las buenas prácticas que involucren y beneficien a todos los actores, son otro aspecto clave de la conservación de las cuencas. Un ejemplo es el del Sistema Coca Cola, que trabaja su cadena de valor, específicamente los embotelladores ubicados dentro de las cuencas, invirtiendo en sus zonas de recarga hídrica para garantizar la disponibilidad de agua. Además, trabaja junto a las comunidades para promover la conservación de los recursos naturales en la cuenca, garantiza los medios de vida y hacer un correcto uso del recurso hídrico, mejorar el manejo de desechos y aguas residuales.  Asimismo, el Sistema Coca Cola ha impulsado que los ingenios que forman parte de su cadena de valor, implementen buenas prácticas agrícolas y sostenibles, incluyendo el recurso hídrico con el fin de que el azúcar como materia prima que se utiliza sea producto de prácticas sostenibles, complementando el manejo integrado de cuencas.

4. Información para la toma de decisión. Los gobiernos nacionales y locales tienen una corresponsabilidad en la protección de los recursos naturales, a través de desarrollar e implementar un marco que habilite las condiciones para conservar y mejorar el uso del recurso hídrico y manejo integrado de cuencas.  Por este motivo es clave considerar a la cuenca como la unidad de gestión del recurso hídrico, integrando los diferentes intereses particulares de cada comunidad, región, departamento o municipio, y crear un marco que garantice la cantidad y calidad de agua para el ecosistema, las poblaciones y la economía. Los aspectos técnicos y la participación social son factores importantes que contribuyen a una mejor elaboración de instrumentos de política. 

5. Biodiversidad. La cuenca brinda servicios ambientales como el agua, bosque, suelo, biodiversidad entre otros que benefician a los seres humanos. La salud de la cuenca la pueden determinar indicadores biológicos. Si un anfibio, por ejemplo, está siendo vulnerable por la acidez en el agua, es porque aguas arriba se están vertiendo efluentes que afectan la calidad del río, siendo el agua un indicador del bienestar de la cuenca. Aquí también cobra importancia el concepto de interrelacionalidad e interdependencia, ya que lo que pasa en la cuenca como ecosistema terrestre, afecta directamente al ecosistema marino.  De manera que la biodiversidad en términos de manejo integrado de cuenca está estrechamente vinculada especies de agua dulce, terrestre y marino.

6. Resiliencia. Teniendo en cuenta que la variabilidad climática afecta la cantidad y calidad de agua, así como el estado de los otros recursos naturales (bosque y suelo), es importante entender cuáles son las amenazas a nivel de la cuenca y cómo trabajar en la adaptación a largo plazo.  Ejemplo de ello es la reforestación con especies que soporten mayores temperaturas, trabajo con la comunidad y otros beneficiarios de la cuenca, para que los medios de vida sean sostenibles en el tiempo. Los efectos del cambio climático son cada vez más evidentes y van a ser cada vez más fuertes.  Si no trabajamos en la protección de nuestras cuencas, tendremos pérdidas mucho más devastadoras en la calidad de vida, salud, bienestar, medios de vida y recursos naturales.

7. Comunidades. Como parte del manejo integrado de cuencas, se deben aumentar los esfuerzos por concientizar a las comunidades (rurales y urbanas) para que se integren a los procesos de conservación y protección de la cuenca y resaltar su rol. Esto porque las comunidades dependen directamente de los recursos de la cuenca para su subsistencia y son las más afectadas, pero también las que pueden jugar un papel decisivo en el territorio para protegerla.

8. Uso eficiente del agua. El uso del agua tanto para actividades domiciliares, económicas, agrícolas, industriales, turísticas, entre otras, es parte de los servicios ambientales que una cuenca provee para el bienestar humano y desarrollo económico. Sin embargo, la demanda del recurso hídrico es una necesidad creciente por lo que es de suma importancia adoptar hábitos que conlleven a reducir el consumo y manejar las descargas bajo parámetros ambientales aceptables, que no deterioren las fuentes de agua. De manera que el uso eficiente, basado en la educación y buenas prácticas así como de normativas, que promuevan uso racional y la valoración del recurso es clave para la gestión del agua. El escenario ideal sería considerar el caudal que requiere el ecosistema para sus funciones y luego priorizar otros usos como los mencionados anteriormente.

9. Alianzas. Tal como prevé el Objetivo de Desarrollo Sostenible número 17, el trabajo mancomunado entre todos los sectores es fundamental para proteger los medios de vida.  Por ello, tanto las comunidades y los ciudadanos, como el sector privado, el público y las organizaciones de la sociedad civil, academia entre otros deben participar de la generación de políticas y su implementación. En pocas palabras esto es crear gobernanza.

10. Protección de bosques (manejo, reforestación y restauración). El agua y los bosques están íntimamente relacionados, ya que los árboles cumplen con funciones hidrológicas importantes (captación, regulación y recarga hídrica).  También aportan servicios ambientales como filtración del agua, aumentan los niveles de humedad en el aire y la incorporan más profundamente en la tierra, evitando su evaporación.  Por eso, los bosques son parte indisoluble de las cuencas y de ahí la importancia de prevenir la deforestación  e impulsar planes de recuperación de la cobertura forestal principalmente en zonas de recarga hídrica.