Nuestra experiencia durante 23 días en Rusia fue inexplicable, pero si intentáramos resumirlo sería: emocionante y diferente, todos los días aprendimos algo nuevo de este país y su curiosa cultura.

Llegamos a Moscú unos días antes de que la Copa Mundial comenzara, así que vimos cómo la ciudad se iba llenando de fans de todas las nacionalidades, y con ellos también llegaban las banderas.

En la calle Nicolskaya, en el centro de Moscú, pósters de Messi se mezclaban con Brasileños, Colombianos y Mexicanos que cantaban hasta después de las 3 de la mañana. De ver camisas normales, pasamos a ver camisas de las selecciones y banderas. No podías andar en la calle sin algo que dijera de adónde eras.

Esa era la emoción antes de que todo empezara, cuando todos tenían las mismas posibilidades de ganar.

El pitazo inicial

El mundial empezó con una fiesta increíble entre Dj’s famosos como Paul van Dyk que se intercalaba con música tradicional rusa que hacía que los mismos rusos -que usualmente no se veían tan emocionados- gritaran y brincaran al máximo. Personas de todas las nacionalidades estábamos unidos disfrutando de la música y el ambiente a la espera que se diera el pitazo inicial desde un Fan Fest en Moscú.

Con una goleada de Rusia (y con ella más rusos emocionados) comenzamos la experiencia de mi primer mundial.

El primer partido de “La Sele”

Ese día nos alistamos con gran emoción, música, pintacaritas y estábamos listos para irnos al estadio.

La ansiedad y los nervios se calmaron cuando vi que era parte de una marea roja de “Ticos” - como nos dicen a los costarricenses- entrando al estadio, saltando y cantando. Emocionados porque finalmente estábamos ahí, en Rusia, en medio de la mayor fiesta del fútbol. Nos tocaron buenos asientos y nuestra bandera con el “Pura Vida” pudo ser vista por todos y hasta en televisión internacional.

Noches Blancas

De los 27 grados centígrados nos fuimos a la ciudad de San Petersburgo, nuestra segunda sede, una ciudad muchísimo más grande y fría. De hecho solo tienen 50 días de sol al año, pero curiosamente en verano tienen un fenómeno llamado “noches blancas”,  donde nunca se apaga por completo la luz solar y a las 2:30 de la mañana el sol sale fuertemente.

Esta vez el partido fue un viernes, y yo sentía la misma emoción que en el primero, pero el factor nervios estaba al máximo. Salimos rumbo al estadio para poder calentar y estar con los demás ticos. Hablábamos de estadísticas, de que si empatábamos o ganábamos, todos buscando esa pequeña oportunidad para clasificar.

El estadio de San Petersburgo definitivamente es uno de los más impresionantes en los que hemos estado y también de los más caros que existen en Europa. Una vez comenzado el partido, los nervios no pararon, cada minuto era eterno pero realmente estábamos viendo un equipo que sabía cómo jugar.

En el minuto 91 entró el primer gol de Brasil y con ello la primera lágrima derramada, lloramos porque sabíamos que hasta ahí llegaba nuestro sueño.

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Mi novio Diego vivió un mundial donde llegamos hasta cuartos de final mientras que yo en mi primer mundial, en el segundo partido sabía que ya estábamos eliminados.

Pero así es el fútbol, aveces se gana, a veces se pierde.

Los últimos 90



Llegamos a nuestra tercera sede, un pueblo llamado Nizhny Novgorod. Le huímos de nuevo al frío y volvimos al verano de 27 grados, rodeados también por el Volga con vistas espectaculares. Al ser tan pequeño era fácil encontrarse con el resto de ticos y suizos que venían al partido y aunque muchos estaban decepcionados y enojados por lo que pasó, no podían dejar de ver a “la sele” en su último partido y el “oe oe ticos” aún se oía por las calles.

El último partido fue de noche. El ambiente también era distinto al de los últimos partidos, no se sentía tanto la emoción ni esos gritos del primero, pero una vez que se dio el pitazo inicial todo quedó atrás y solo queríamos ganar.

Cuando metimos el primer gol, el estadio se volvió una locura, eran todos los ticos celebrando lo que tanto vinieron a ver, y aunque ya no nos daba para clasificar, solo el hecho de poder vivir y presenciar un gol en un mundial era lo que muchos esperábamos. Y no fue uno sino dos, el segundo llegó al último minuto del partido.

El capitán nos hizo gritar con el corazón de todo un país.

A nadie le importó si ese partido era el último de Rusia 2018, a nadie le importó si no era Brasil 2014, si no llegábamos a Octavos, a nadie le importó quién era el DT o los jugadores, por un momento lo único que nos importó es que nuestro sueño se volvió una realidad. Que mi sueño de ver un gol de mi selección en un mundial sí se cumplió.

¡Gracias Sele por tantas emociones! Nos vemos en Qatar 2022

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