La comunidad de Galván tiene unos 14 mil habitantes y está ubicada en la provincia de Bahoruco, a unos 216 km al sur oeste de Santo Domingo. Su habitantes se dedican mayoritariamente a la producción agropecuaria en pequeña escala, como el cultivo del mango, la caña de azúcar y la crianza de animales de granja.

En este caso, el movimiento Cada gota cuenta aportó en la construcción de una intersección y nueva red para llevar el agua a las familias de esta localidad, asentadas en los barrios de Buenos Aires y las Piedras, que no tenían acceso al agua.

Originalmente se tenía previsto la construcción 3131 metros lineales de redes de tuberías, que se extendieron a 3732 metros lineales entre diámetros de 4 y 3 pulgadas; una red que logró llevar el agua a 179 familias, las cuales fueron dotadas de sus respectivas acometidas domiciliarias.

“Este trabajo fue ejecutado con la participación de la comunidad, que se integró en todo el procesos, desde las excavaciones a la colocación de las tuberías. Además cada familia se hizo responsable de la construcción de la acometida domiciliaria y era muy frecuente la ayuda entre vecinos”, destaca la Ingeniera Carmen Heredia del Departamento de Obras Físicas del Instituto Dominicano de Desarrollo Integral (IDDI),  la organización local a cargo de la ejecución del proyecto.

Solidaridad y cohesión social

Una de las particularidades de ese proyecto de abastecimiento que Cada gota cuenta llevó adelante en Galván, fue la implicación de toda la comunidad. Desde el alcalde hasta una agrupación de mujeres especialmente conformada para el objetivo de traer el agua, pasando por un sin número de colaboradores y líderes surgidos espontáneamente de la comunidad.


Desde Simón y Paulino, los maquinistas que manejaban la retroexcavadora de sol a sol, soportando la altas temperaturas del lugar, María Luisa, una líder comunal que estuvo todo el tiempo detrás de los trabajos, y quien cada día reclutaba hasta 30 hombres para colaborar en las tareas de excavación, cargar tubos o llevar arena, hasta el mismo alcalde, quien también formaba parte de estos equipos de trabajo bajo el sol, estuvieron detrás de cada etapa del proyecto. 

“Fue un equipo de hombres y mujeres que estuvieron hombro a hombro, bajo el sol y la lluvia, que trabajando lograron terminar el proyecto en menos de tres meses”, destaca Arcadia Francisco, Directora de Obras Físicas del IDDI.

Antes de que se desarrollara el proyecto, las personas de la comunidad debían comprar el agua en bidones para el consumo y utilizaban el agua de un canal de riego para otras labores domésticas, con todo el riesgo sanitario, la incomodidad y el gasto que esto implicaba. Pero no se quedaron de brazos cruzados.

“Comenzamos reunidas en el patio de mi casa para buscarle solución al agua hasta que conformamos una comisión de 57 mujeres para pedir ayuda. Nadie nos daba ninguna seguridad, pero seguimos caminando y tocando puertas”, recuerda María Luisa Marmolejo, presidente de la Junta de Vecinos.

Así fue como dieron con las organizaciones que llegaron a conectar esta necesidad con el movimiento Cada gota cuenta y hoy con agua disponible en sus casas. “Fue como nacer de nuevo” dice Orfelina Félix, “un sueño hecho realidad”, expresa María Sánchez, entre tantos testimonios de los vecinos del lugar que hoy cuentan con agua segura en cada una de sus casas.