Ángela Zuluaga, Vicepresidente Senior de Asuntos Públicos, Comunicaciones y Sostenibilidad para América Latina. 

¿Qué piensas cuando ves que alguien se comporta “diferente” a los demás? ¿Qué sientes cuando conoces a alguien de otra religión o de otra cultura? ¿Aceptas y reconoces fácilmente que no somos iguales? Todos alguna vez agregamos una etiqueta a alguna persona: raro o rara, exigente, serio, ambicioso, creída, entre otros tantos prejuicios y estereotipos que hacemos mucho antes de conocer realmente a alguien. 

¿Por qué deberíamos estar en contra de los prejuicios y las etiquetas?

La lucha en contra de los prejuicios es una lucha global que no podemos dejar de lado, estudios explican que los estereotipos que creamos de las personas se basan en los primeros siete segundos cuando se conoce a alguien, usualmente basado en apariencia, nacionalidad o cultura. 

Cuando adoptamos los prejuicios en el día a día, creamos inconscientemente escenarios hostiles que incluso pueden llegar a incitar la violencia o la discriminación. Precisamente, este tema me hace reflexionar y preguntarme ¿Hasta dónde hemos llegado? 

Una de las consecuencias del arraigo de los prejuicios, es que como humanidad nos hemos visto en la necesidad de establecer fechas conmemorativas como el Día Mundial de la Tolerancia, para recordarnos que la diferencia existe y que hace parte de nuestra esencia. 

Mi sueño es que algún día seamos lo suficientemente empáticos y tolerantes para eliminar estas fechas de nuestros calendarios; que en vez de celebrar el día internacional contra la disciminación, celebremos el día de la sororidad o el día mundial de las diferencias. 

También te puede interesar: Rompiendo prejuicios: Sobre el poder de la inclusión y la participación consciente en el lugar de trabajo.

Pero… ¿Qué podemos hacer?

Les propongo que asumamos tanto como personas como profesionales, un rol clave en la lucha de la discriminación y del prejuicio social. Nuestro propósito de vida debe estar alineado a la construcción de una sociedad más diversa e inclusiva, donde quepamos todos, donde mis derechos y el del otro sean aceptados. 


Por ejemplo, en la Compañía Coca-Cola creamos una cultura de trabajo diversa e  inclusiva a través de la creación de espacios y conversaciones que no solo nos ayudan a eliminar los sesgos y prejuicios, sino que empoderan a nuestros consumidores para que vivan sus vidas con audacia y autenticidad. Lo que refleja nuestro compromiso con la individualidad.

También te puede interesar: Una cultura de igualdad: Cómo Coca-Cola fomenta una comunidad inclusiva de empleados LGBTQ

En definitiva, practicar la tolerancia y desarrollar fuertes niveles de empatía, como cuando nos decían “póngase en los zapatos del otro”, son acciones pequeñas pero con un alto impacto en la lucha contra los prejuicios y los estereotipos. Antes de juzgar al otro preguntémonos ¿Qué le puede estar pasando? ¿Qué hay detrás de sus pensamientos o sus actitudes? Recordemos que las etiquetas son para los productos, no para las personas.