La iniciativa Vigilantes del Agua cumplió, este 2019, 10 años en los centros educativos de todo el país promoviendo la protección del recurso hídrico. 

Su objetivo es sensibilizar a los niños y niñas de escuelas y colegios de Costa Rica sobre el uso racional del agua, así como el cambio de infraestructuras en los centros educativos para reducir en al menos un 50% su consumo.

El proyecto del Instituto Costarricense de Acueductos y Alcantarillados (AyA), con el apoyo del Sistema Coca-Cola, contabiliza ahorros de más de 710,621,333 millones de litros de agua. Esto equivalente a 284 piscinas olímpicas, con un alcance de 128,239 estudiantes en 1,935 centros educativos.

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Entre 2018 y 2019, se capacitaron 9,252 estudiantes en 11 centros educativos en todo el país, lo que permitió el ahorro anual de más de 58.3 millones litros de agua, gracias al uso óptimo del recurso. Esto representa un 60% sobre el consumo previo a la intervención del proyecto.

Más de 2300 estudiantes se graduaron del programa, en una actividad realizada la Guácima de Alajuela.  

El proyecto cuenta con el apoyo de Fundación Aliarse e implementa cambios completos de tubería e instalación de losa sanitaria y grifería de bajo consumo, mejorando el abastecimiento interno de agua potable y las condiciones de higiene en cada centro educativo.
 

Así funciona Vigilantes del Agua

La iniciativa consiste en una serie de talleres y giras técnicas que son coordinadas en primera instancia con el director(a) del centro educativo, el cual designa un educador encargado y un grupo niños y niñas que trabajarán con el programa en su centro educativo.

La misión es convertirse en agentes multiplicadores en sus respectivas escuelas o colegios para así traspasar a sus compañeros los conocimientos adquiridos en las capacitaciones. Con esto se busca el uso óptimo del agua potable en las instituciones sea una disciplina entre los estudiantes para lograr una reducción en los consumos del líquido mediante el mejoramiento de los hábitos.

Esta labor se ha asumido con la visión de educar a la población más receptiva, los niños y niñas, de manera que se fomente una nueva generación con mayor conciencia, responsabilidad y valoración del recurso hídrico y además que traspasen los valores aprendidos a sus familias, en una nueva cultura del valor del agua.