Mi madre me enseñó el valor del amor con disciplina. Ella nos dio mucho amor, pero un amor exigente, capaz de combinar el cariño con las responsabilidades. Para ella los pilares de este amor eran la familia, la educación y el deporte.

Fue una madre amorosa, que me impulsó siempre hacia adelante, pero así como nos mimaba, porque era de darnos gustos, abrazos y cariños, nos exigía.

Cuando llegó el tiempo de la universidad quería ser socióloga o periodista, y ahí fue mi padre quien me puso los pies en la tierra. Me ayudó a pensarlo mejor, mirar otras posibilidades, no ser tan idealista.

Con el tiempo todo esto me enseñó que ser realistas es una virtud que puede ayudarnos a alcanzar nuestros sueños.

Entré a estudiar Ingeniería Financiera, y aunque no me sentía muy confiada con los números, mi formación disciplinada pronto dio sus frutos y avancé con éxito por los 5 años de la carrera.

Mi primer trabajo fue en una ONG, enfocada en programas de microfinanzas y microcréditos. Más tarde trabajé en el ámbito municipal, en el área de proyectos de desarrollo económico. Si bien los procesos del sector público no eran mis favoritos, aprendí mucho sobre la dinámica de las gestiones gubernamentales.

Me di cuenta que las finanzas podían acercarme a mi inclinación por lo social y reforcé el aprendizaje de que encarando bien lo que no preferimos, como la administración pública, podemos llegar a donde queremos.

En esa etapa de crecimiento profesional conocí a quien hoy es mi marido. Él era más lanzado por entonces y tenía la idea de ir a estudiar fuera del país. Yo le decía que sí, pero por dentro me sentía tranquila donde estaba.

Luz María Valdiviezo es Gerente de Asunto Públicos y Comunicación en Coca-Cola Ecuador.

Decidí regresar al mundo de las ONGs, donde sentía que podía contribuir más, en una organización enfocada a solventar las necesidades económicas de los parques nacionales de Ecuador. Allí trabajé en el tema de levantamiento de fondos, pero también me tocó hacerlo en el campo de la comunicación.

Fue una gran experiencia, que me dio la posibilidad de coordinar proyectos entre organismos internacionales, el sector público y el privado. Promediando los 2 años en este proyecto mi novio me dice que se había ganado una beca para ir a estudiar a Argentina.

“Ya tengo la beca y yo no me voy solo” me dijo. Fue algo impactante, no estábamos casados, no sabía qué hacer al respecto, era una situación totalmente disruptiva para mi universo coherente y disciplinado.

Fue cuando me pidió matrimonio y cuando mi madre entró de nuevo en escena con su amor exigente:

“Es tu desición y tú la tienes que tomar”. Viéndolo con los años, ella me estaba diciendo que sí, pero al mismo tiempo alertándome sobre la trascendencia de la decisión que estaba por tomar: eso es empoderarse.

Tenía 28 años y partía hacia un país desconocido, en un estatus de relación desconocida. Fue un gran aprendizaje y una gran oportunidad de consolidar nuestra pareja y estudiar, ya que hice allí mi maestría. Estuvimos fuera casi dos años.

Regresamos a Ecuador. Ya había trabajado en ONGs y en el gobierno, quería aplicar mi experiencia de responsabilidad social en la empresa privada. En poco tiempo un ex jefe me recomendó para una posición en la Fundación Coca-Cola.

Al año y medio quedé embarazada y sentí todos los miedos y culpas que sentimos las mujeres que pasamos por esa experiencia en el trabajo. Todo salió bien, gracias a la red de apoyo, que por supuesto incluía a mi marido, con quien nos distribuimos equitativamente todas las actividades y responsabilidades del cuidado de nuestros hijos.

En 2008 se abrió la vacante de mi posición actual en Coca-Cola, apliqué y me convocaron. Al mismo tiempo me enteré que estaba nuevamente embarazada. Fue otra prueba, no sabía qué decir en aquel momento: “Sí, acepto, qué honor...pero además tengo que decirle que estoy embarazada”.

Eso me enseñó que tan arraigadas están las ideas limitantes en muchas de nosotras; pues comuniqué la buena nueva y no sucedió nada. Comencé a trabajar normalmente.

Vinieron nuevos retos y responsabilidades laborales, los viajes de trabajo y una nueva logística familiar que aceitar, nada que no se pueda llevar con colaboración, amor y disciplina. No digo que sea fácil, pero mi propia experiencia me enseñó que de esta manera la vida siempre nos lo reconocerá positivamente en el futuro.



Luz María Valdiviezo es Gerente de Asunto Públicos y Comunicación en Coca-Cola Ecuador