Encontrar mi identidad femenina tuvo mucho que ver con lo que sí  he podido ser y hacer, con lo que sí cuento. No lo tengo todo, pero tengo bastante. Aunque claro, por mucho tiempo pensé en lo que “no tengo” como mujer: ¡Las curvotas, por ejemplo! Ni la delicadeza, no soy un cavernícola, pero tampoco soy una ternura.

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Así que una vez entrada en la madurez, me senté a hacer inventario de lo que tengo, de lo que sí soy, y con eso armé una mujer. Esta fue la suma que hice, con lo que sí, veamos qué encontré.

Me gusta muchísimo leer, aprender y preguntar. Eso, sumado a mi habilidad para escribir, me da como resultado una mujer que cuando tiene algo que decir, lo dice muy bien, y causa un efecto. Vale, eso sirve. Eso es poderoso. Lo tomo.


Tengo una imaginación tremenda y un entusiasmo exagerado, así que por pequeño que sea un sueño, lo inflo hasta que se convierte en un dirigible que no para hasta llegar donde quiere. Eso también sirve, es una virtud. La puedo usar.

A fuerza de querer algo, lo consigo. A fuerza de buscar algo, lo encuentro. Necia, cabezona, testaruda, corajuda, intensa, persistente. Bueno, eso sirve mucho, también va en el paquete.

Para querer soy una bestia. No quiero poquito, ni a gotas. Cuando quiero algo, o a alguien, es como una explosión de fuegos artificiales. Debo aprender a no quemarme, eso sí, pero por lo demás, querer a lo bestia no es defecto. Es una virtud, me la quedo y la uso.

Iba a cerrar el paquete y me vi en el espejo.  Ah bueno, que tengo bonitos ojos, una buena mata de pelo, y cuando me arreglo me veo bien. De tanto correr, gimansio y pilates, no soy una sílfide, pero fuerte sí soy. Bastante fuerte, para un metro y 53 cm. Va, físicamente, con eso estamos.

Con esas piezas, he armado esta mujer, tratando de no ver a otras para compararme. Eso es difícil, ¿saben?. Pero me pongo a ver mis fotos, y creo que he sido coherente conmigo misma.

Para las mujeres que vienen

Las que hoy ya somos mujeres pensamos en las que vienen detrás. Y a veces, con ternura, recordamos a la niña que fuimos.

Viajo un ratito a 1983, a ver a esa niña en la escuela, a la que nunca llegaba los pies al piso, no importa en qué sillita la sentaran, a esa que fui, (a la que soy, porque hoy tampoco llego con los pies al suelo), y le recuerdo: “chiquita, lo estás haciendo bien. Aunque por ser chiquita te dejen atrás.”

No quiero asustarlas contándole que les dirán cosas inapropiadas en la calle, que muchas veces las van a dejar de últimas por ser mujeres, que por no ser la más linda las pueden juzgar, también por serlo, que por contestar, opinar y hablar fuerte van a incomodar.

De ahí que un 8 de marzo no espero flores, ni halagos por ser mujer.  Vamos, que el cromosoma cayó X porque sí, y no es mérito mío, ni de nadie, bien pude haberme llamado Gustavo. Solo soy mujer porque el cromosoma fue X, y un día como hoy, lo que quiero es lo que merezco: respeto a mi condición humana.

Los mismos derechos humanos de cualquier humano, cromosoma X o no. Y eso es más importante que cualquier halago. Que reconozcan la valía de una mujer, por ser persona. No por “cómo” ejerce su condición femenina.

Con lo que encontré en mi inventario, armé la que soy.  Esa es Marianella, pudo haber sido un Gustavo.

 

(Gustavo no recibiría acoso al salir a correr, tendría salarios más competitivos que Marianella. Eso y muchas cosas todavía nos hacen distintos. Por eso el 8 de marzo no se dice “feliz día”. Se dice “reconozco tus derechos, humana”. )