• No quita tiempo, no quita espacio, no es tedioso. Hay que hacerlo, gente.

Uno no está consciente de cuánta basura le genera al planeta hasta que se sienta a separar los desechos.

Reciclar es más que un buen hábito, es casi un acto de contrición con el planeta. Desde enero me propuse no ser tan caradura con la Tierra: eso de buscar un bote para reciclar a veces sí, a veces no, no era suficiente.

Si me esperaba hasta comprar los botes de colores para separar la basura, no empezaba nunca.  Un rinconcito de la cocina se convirtió en el depositario de reciclaje. “Qué importa, no creo que se acumule tanto…” pensé. No pasaron tres días y ya la torre de latas, cajas de leche y botellas de plástico se tambaleaba. “Y pensar que todo esto iba a la basura”.

Antes mis visitas al ducto de basura del condominio eran muy frecuentes. Y siempre llevaba bolsas grandes. Desde que reciclo voy si acaso una vez a la semana. Y con una bolsa chiquita. Ahora me siento orgullosa cuando voy al centro de acopio a dejar mi reciclaje.

Es que la basura es mía. Por alguna inexplicable razón nos liberamos de la paternidad o maternidad de nuestros desechos, en el momento en que caen a un basurero. Y no, estaba muy mal eso. Ahora aunque sea algo muy pequeño – en volumen de material, digamos – sé que mi esfuerzo no es pequeño. Es lo que me toca.

Yo compré eso. Lo usé. Y pagué por el contenido y su empaque. Ya lo consumí, ahora me toca disponer responsablemente de ello. Antes se iba en esa bolsa verde y me desentendía. Ahora estoy clara en que esos desechos que separé van a ser reutilizados, y que lo que boté a la basura, esa sí es basura. Estos materiales no. No son basura, y no tienen pies para ir ellos solos a buscar dónde les toca ir.

Cada vez que enjuago una botella plástica, una caja tetra brik, el tarrito de queso crema, lo que sea… entiendo que esto no es un favor que yo me hago, esto era lo que tenía que haber hecho siempre.

No esporádicamente, sino así: un hábito, así sí.

-¿Me quita mucho tiempo? No es cierto.

-¿Me quita mucho espacio? Tampoco es cierto.

-¿Por qué no lo hacía? Por vagabunda.

Un día de estos, sentada en una parada de buses, vi a mi lado el bote de basura hasta el copete: y todo, TODO lo que había dentro era reciclable. Pero irremediablemente todo eso irá a dar donde no corresponde, a un basurero municipal.

Creo que ya el chip me quedó bien pegado, y no se me va a ir nada de vidrio, papel, plástico o aluminio que pueda reciclar. Nada.

Sé que no puedo echarme el planeta al hombro yo sola. Pero tampoco quiero que un gramo de lo que llegue al océano sea responsabilidad mía.

En esta casa ahora sí, se recicla.

Ahora sí. Estoy re-ci-clan-do.