Con una imagen formada -mal formada diría yo- de que Moscú sería una ciudad gris, fría, y rememorando lo que en occidente nos enseñaban las películas sobre Rusia, así fue cómo llegué a la actual capital del fútbol a nivel mundial, al menos por las próximas dos semanas que quedan.

Los primeros pasos por las calles de Moscú me demostraron rápidamente que mi idea preconcebida de lo que podría encontrar en esta ciudad era falsa y poco ajustada a la realidad.

Vida nocturna, luces, sonrisas y el entusiasmo reunido en los miles de visitantes de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018 ™, fueron tan sólo parte de las primeras bocanadas de un aire fresco y de ciudad cosmopolita que recibí al dar una vuelta cerca del hotel.

Con pocas horas de descanso, después de casi 22 horas de viaje desde San José, Costa Rica, el día miércoles empezó con la visita a la histórica, monumental y concurrida Plaza Roja. 

La mañana calurosa no solo por los 24 grados centígrados de temperatura, sino por el bullicio de los aficionados al fútbol de distintas nacionales hizo de la visita a la Plaza Roja un recuerdo que quedará grabado en la retina

La Basílica de San Basilio, quizá la obra arquitectónica más reconocida y fotografiada de Moscú, nos dio el recibimiento con el recorrido de casi una hora por esta plaza que guarda entre los muros que la rodean cientos de años de historia.

Tras contemplar sus cúpulas en forma de bulbo, lo colorido de sus exteriores y la perfección con la que está tallada, inicié la caminada por la Plaza Roja, hoy tomada por hinchas del fútbol de diferentes latitudes del mundo.

El mausoleo a Lenin, el exterior del Kremlin, el museo estatal de Historia de Rusia son hoy testigos del Fun Fest instalado en el centro de la plaza para que los aficionados puedan disfrutar de los diferentes encuentros de fútbol.

Tras esta visita por la histórica Plaza Roja, entramos a la Rusia que traía en mente. La Rusia de la era de los años 50-60, del siglo pasado, donde el comunismo dominaba todas las esferas de la vida social, política y deportiva de Moscú. La Rusia que ya no existe.

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El olor a esa historia se percibe al ingresar a la estación de metro Plóshchad Revolutsii. Quien da el recibimiento es el propio Lenin. Tras descender más de 75 metros, te transportas a un museo viviente, pues no solo te reciben 76 estatuas de bronce de soldados, familias, estudiantes, deportistas, obreros y políticos, sino que además es por donde transitan millones de personas a diario para tomar el metro.

Kievskaya, Komsomolskaya, Novoslobodskaya fueron otras de las paradas obligatorias para ver estas verdaderas obras de arte al alcance de las manos y que en muchas de las piezas se relatan guerras y se exalta la figura de Lenin y de su obra.

Tras la visita obligada a las diferentes estaciones de metro, partimos a la parte más moderna de Moscú. Rodeada de modernos rascacielos, la parte nueva de la ciudad se erige viendo al histórico Moscú.

El aire, la vida, las sonrisas de los y las moscovitas, el bullicio característico de una metrópoli hicieron que mi primer día en Moscú borrara las ideas preconcebidas traídas. Gracias Coca-Cola y gracias Moscú por hacer de mi primer día en esta maravillosa ciudad un recuerdo inolvidable.

 

William Segura es gerente de asuntos públicos de Coca-Cola para Centroamérica y viajó a Rusia 🇷🇺 para esta Copa Mundial de la FIFA TM .