No soy experto en fútbol, pero soy capaz de observar el comportamiento y las relaciones entre los seres humanos, y lo vivido ayer en Moscú es una prueba más de que las percepciones que tenía de los rusos están muy lejanas a la realidad.

Lo que yo consideraba personas frías y distantes quedó sepultado en lo más recóndito de mi memoria, pues ayer, tras el triunfo de la Selección Rusa contra España, conocí una realidad de los moscovitas que pocas veces nos muestran las películas.

Tras la pérdida del último penal español, lo único que se escuchaba al unísono en el Estadio de Luzhniki -ese mismo donde se realizó la inauguración y que será sede de la final de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018 TM- era Rossiya (Россия). Ese grito me recordó mis años de juventud cuando en la película Rocky IV, Stallone se enfrentaba a un boxeador ruso.

Ese grito ensordecedor de Rusia (Rossiya) catando por más de 78 mil personas en el estadio fue la muestra más clara de que estaba siendo testigo de un evento deportivo histórico. La emoción de las rusas y los rusos a la salida del estadio presagiaba que la tarde iba a extenderse hasta las primeras horas de la mañana de hoy lunes.

Sonrisas, llantos de felicidad, calles atestadas de algarabía y emoción son tan solo algunos sinónimos que pueden describir el ambientazo que se vivió en Moscú, tras el pase de su selección a cuartos de final, un hecho que no ha ocurrido en los últimos 48 años.

Esa mezcla de emociones, el saludo de los moscovitas a quienes andábamos camiseta de la selección de Costa Rica, de España, de México, de Colombia, fue la muestra del calor humano de estos ciudadanos a los que en occidente consideramos fríos y apáticos.

El trayecto de 2 kilómetros entre la salida del estadio y el restaurante que nos esperaba para la cena de despedida de Rusia se hizo eterno, no solo por el embotellamiento de miles de carros pitoreando, sino por la multitud ondeando banderas de Rusia. Al descender del bus, el recibimiento en la calle fue con cientos de carros, con el himno de Rusia sonando y sus ocupantes cantándolo como si no hubiera más allá.

Tras la comida, decidimos caminar al hotel, pues tomar de nuevo el autobús no solo significaba meterse en embotellamientos, sino que además era perderse ver cómo los rusos vivían intensamente el triunfo.

En la caminata de 15 minutos, entre el restaurante y el hotel, fuimos testigos del verdadero sentir y la auténtica forma de ser de los rusos. Una vez más mis estereotipos fueron derrumbados. Gracias Coca-Cola por esta experiencia única. Felicidades Rusia por el triunfo y muchas gracias por mostrarnos otra vez cómo son verdaderamente.

William Segura es Gerente de Asuntos Públicos de Coca-Cola para Centroamérica y viajó a Rusia 🇷🇺 para esta Copa Mundial de la FIFA TM .

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