La música es una herramienta muy poderosa y Sandra lo descubrió en el momento que tocó un violín. Esta salvadoreña viajó hasta Estados Unidos para estudiar este instrumento y volvió a su país natal porque su deseo era darle la misma oportunidad de aprender sobre él a los niños de su país.

Al regresar encontró trabajo en un programa que ayuda a niños de alto riesgo, ahí empezó a dar sus lecciones y al llegar el Covid-19 a El Salvador estas fueron suspendidas presencialmente. En ese momento los padres de los alumnos se pusieron en contacto con Sandra para averiguar cómo continuar con sus clases, ya que estas son motivo de alegría para sus hijos. Sandra se dejó guiar por su pasión y se las ingenió para dar clases por los medios posibles para sus alumnos, en algunos casos por WhatsApp, con audios o por video llamadas.


“No es lo mismo saber que un alumno viene de una situación difícil a realmente vivirlo”, reflexiona Sandra al entrar a los hogares de sus alumnos. Pero no todo era malo, también descubrió que sus lecciones eran como un rayito de luz en sus casas, ya que integraba a la familia llevando paz y tranquilidad en el momento que más lo necesitaban. 

A través de Sandra homenajeamos a todos los maestros que han dado clases a través de un zoom, video llamada, Whatsapp.