El día aún no ha iniciado y mientras casi todos duermen, los motores de los rojos camiones se sacuden de una larga noche para arrancar hacia un nuevo día de repartos. Todos están en posición de salida y solo faltan las revisiones finales, las puertas corredizas de cada camión al bajar son el sonido que marca el inicio de la jornada.

Mientras los primeros rayos de sol se asoman detrás de las montañas, algunos camiones ya iniciaron su ruta desde el Parque Industrial de Cartago, Costa Rica, donde están las bodegas de Coca-Cola Femsa.

Diego y Hernán forman parte de este grupo y son compañeros de ruta desde hace 4 meses. El más nuevo es Hernán, quien llegó a la empresa hace cuatro meses, ya que Diego tiene seis años de laborar en Coca-Cola Femsa.

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Hernán gira la llave, como lo hará incontables veces el día de hoy, el recorrido será por los pueblos de Cipreses y Pacayas. Diego hace su parte y saca una pila de papeles que indican la ruta a seguir, que será entre cultivos y pequeñas pulperías.


Primero se atiende un comercio grande y luego, a los 100 metros, se descarga en una pulpería de un pequeño barrio. No importa el tamaño del comercio, antes de estacionar Diego ya tiene en su mano la boleta que indica qué mercadería se debe descargar, un trabajo en equipo que se mantiene durante todo el día. Con los guantes puestos en cada mano, ambos compañeros toman las cajas de botellas que parecen esperar de pie para ser recogidas.

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El olor a cebolla se hace más fuerte a medida que el camión va subiendo por el camino, los cultivos de esta planta forman parte del paisaje mientras se recorren las faldas del Volcán Irazú. El olor después de un tiempo se vuelve normal, pero la altura y el fuerte viento hace que los pulmones trabajen más de la cuenta por captar el aire frío.

Después de varias descargas el reloj marca las doce del mediodía y el trabajo ha rendido más de la cuenta, tanto que hasta hay un momento para apreciar el paisaje del día soleado. 

Aún falta trabajo por hacer, pero el tiempo en el camión pasa rápido mientras se habla de todo un poco: una anécdota de trabajo, deportes o música. Y es en el tema musical donde la conversación se pone más interesante: Hernán es fan del reggaeton y Diego del Hip-Hop. Al final logran un equilibrio con la única condición de que ninguno cante.

El sol ya se está preparando para un atardecer y el trabajo ya está hecho, cada producto está en su comercio y es momento de devolver el camión a la bodega. El último paso del día para Diego y Hernán es acomodar las cajas vacías y los recipientes reutilizables en los compartimientos del camión. 

Al final ambos se habían acostumbrado a tener las cámaras de frente, y al volver de las bodegas ya se habían convertido en los “famosos” del trabajo. Después de contar su inusual jornada de trabajo a todos los compañeros, la foto en grupo no se hizo esperar.