Con la celebración de Francia el pasado domingo como campeón se terminó mi evento favorito (creo que el de Moni ahora también). Siempre hacemos bromas donde ponemos al fútbol como la mejor serie o “reality show”. Ese espectáculo que entretiene a millones de personas en todo el mundo y Francia vs Croacia fue el final de temporada que todos esperamos con los pelos de punta.

Aún estamos un poco melancólicos y queremos compartir lo mejor de nuestra experiencia, pero dejando un poco de lado el fútbol. Para nosotros el mundial es especial, es un mes donde se puede compartir con tantas culturas diferentes en un mismo lugar, y todas con la misma pasión por algo tan sencillo, pero tan completo como el fútbol.

Casi tres millones de personas viajan al mundial durante el mes de competencia, compartiendo en cada sede con personas no solo de los 32 países, sino también de muchos otros que no clasificaron al mundial, pero querían ser parte de la gran fiesta. Vimos muchas banderas de países cercanos como Uzbekistán, Georgia, Kazajstán, Turquía y muchos otros que hicieron viajes largos como de Estados Unidos, El Salvador, Nueva Zelanda. ¡Nadie se lo quiere perder!



Se percibe un ambiente de simpatía y curiosidad entre todos. Cada uno se interesa por saber de dónde es tu bandera, que idioma hablas y cómo lo hablas o cuáles son tus costumbres. Y ahí es donde cada uno trataba de hacer lo mejor por explicar qué es ser tico, colombiano, ruso o el país que cada quién anda representando.

La particularidad en cada grito de ¡Gol!

Entre las personas que conocimos está Sash, nuestro nuevo amigo Sirio, quien está en Rusia en condición de refugiado. Le contamos de Costa Rica como el paraíso que es y él no podía estar más interesado, aún con la barrera del idioma no paraba de preguntarnos para saber más de nosotros, los ticos.

Luego fue nuestro turno de conocer más su historia, salió de su país para huir de la guerra, poder estudiar y trabajar para algún día volver por su familia. La mejor parte de esta historia es que después de 4 años Sash ya está a un año nada más de cumplir su sueño y reencontrarse con sus seres queridos.



Otro día explorando la ciudad, nos topamos en el parque con unos acroyogis rusos, serbios y ucranianos que no dudaron en dejarnos practicar con ellos y disfrutar del día, tanto así que nos armaron una foto especial para el recuerdo.



También conocimos a unos amigos daneses que nos enseñaron una canción que cantan en el estadio para apoyar a su selección, con la particularidad de que la canción es tan antigua que también la cantaban los vikingos en sus travesías. El baile no podía faltar y un coreano no pudo resistirse al escuchar el “Gangnam Style” e hizo toda la coreografía con el mayor sentimiento posible, como si estuviéramos en el 2012.

Bailamos con los colombianos y con los rusos sus canciones típicas, festejamos con los Mexicanos y cantamos (tarareamos) la marsellesa con los franceses. Vimos partidos de Argentina con sus fans y lo vivimos como ellos, y hasta terminamos intercambiando camisetas al mejor estilo de un partido oficial.

En otra ocasión, la noche antes de nuestro último partido intercambiamos historias con unos Suizos que están tan enamorados de Costa Rica que llevaron esa camisa puesta el día del partido contra ellos y hasta nos pidieron una foto.

Eso es lo mejor del mundial, no hay nada igual. Un mes donde millones de personas unidas por un gusto en común: el fútbol. Y cada uno está celebrando y disfrutando al máximo cada minuto de la experiencia. Los rusos fueron unos increíbles hosts y la organización fue excelente. Desde ya estamos #ListosPara saber que nos va a ofrecer Qatar 2022.