Una tapita roja es la última que Máximo Atachao coloca sobre un manto de tapas multicolores. Un poco de pegamento y sus manos de artista se encargan del resto. La obra está culminada. Los cerros de El Agustino son testigos del final de un trabajo que empezó hace más de dos meses y que ahora ha cobrado la forma de una alfombra elaborada con más de 50.000 de estas pequeñas piezas reciclables.

Dieciocho paneles conforman una obra única. Diez metros de largo por diez metros de ancho de arte sostenible. Una idea de Máximo Atachao, artista de la Escuela de Bellas Artes y Director Creativo de Imaginarios Perú, que contó con la complicidad de su socia Lola Apolinario y un puñado de vecinas del barrio Virgen del Carmen, agrupadas en el colectivo Las Comunitarias.

El proceso de recolección de las tapitas estuvo a cargo de recicladores. La asociación Imaginarios Perú también ayudó con sus contenedores. 

Máximo y Lola se propusieron convertir el reciclaje en una oportunidad para crear piezas artísticas y, a la vez, empoderar a madres migrantes que buscan una mejor calidad de vida para sus familias. “Este es un proyecto de arte socioambiental que ha sido posible por el trabajo de los recicladores y que busca generar oportunidades laborales”, explica Máximo, hijo de migrantes ayacuchanos y vecino del barrio Virgen del Carmen desde hace más de cincuenta años.

Cada tapita roja o negra de Coca-Cola, amarilla o azul de Inca Kola, naranja de Fanta o celeste de San Luis lleva el compromiso de un ciudadano con el reciclaje. “Una tapita quizá no signifique mucho, pero miles de tapitas pueden ser una herramienta, un medio o un material importante para los artistas, para hacer un llamado al cuidado del ambiente, a la preservación de la vida, a través del arte”, dice Máximo.

El mensaje en favor de la sostenibilidad no es el único presente en esta obra. El fardo funerario de la cultura Paracas, las formas geométricas y la luna y el sol, por citar solo algunos elementos, componen esa totalidad diversa y compleja que es el Perú. “La obra quiere expresar el valor que tiene el país en términos de cultura y herencia cultural en todos sus niveles: tanto en el arte popular, colonial y también ancestral”, dice Máximo.

Un total de ocho mujeres del colectivo Las Comunitarias se encargó de la colocación de las tapitas en las dieciocho planchas que componen la obra. 

La elección no es casual. Es un homenaje a la patria en su Bicentenario. Y su enorme carga simbólica se refleja en el título: Kutimunaykipaq (Para que regreses). “Se trata de un proyecto de arte que busca celebrar el Bicentenario, pero en términos de reflexión, memoria e identidad cultural”, explica Máximo, quien decidió llamar así a su obra en honor a la canción del mismo nombre escrita por el compositor ancashino Marino Martínez.

La alfombra forma parte de la muestra “En busca de algo perdido. Perú un sueño”, instalada en el Museo Nacional del Perú, en Lurín. Para Roxana Agurto, miembro del colectivo Las Comunitarias, el orgullo no cabe en una frase. Ahora más que nunca está convencida del poder del reciclaje. “Aunque no lo crean, con una tapita se pueden hacer grandes obras”, asegura.

La mayor parte de las tapitas corresponden a las marcas del catálogo de Coca-Cola. De esta forma, se les da otro uso para promover el reciclaje.