La entrega de 200 pallets o parihuelas ha permitido que la Municipalidad Metropolitana de Lima elabore bancas, macetas e incluso un espacio lúdico para niños.

Una nueva forma de reciclaje se respira en las calles de Monserrate. Eduardo Flores, vecino desde hace 56 años de este histórico barrio del Cercado de Lima, sigue sorprendido al ver que viejas parihuelas de uso industrial hayan podido convertirse en bancas, macetas y una pasarela lúdica que ahora su nieta usa cada tarde.

El desmonte en el pasaje Tayacaja y el depósito de chatarra al frente de la estación Monserrate son parte del pasado. El nuevo mobiliario urbano, elaborado a partir de la donación de empresas como Coca-Cola Perú y su socio embotellador Arca Continental Lindley, es el resultado de una práctica innovadora para la recuperación de espacios públicos: el urbanismo táctico.

“Esta es una manera de trabajar con los vecinos para saber qué quieren hacer con sus espacios públicos y cómo recuperarlos. En ese sentido, los residuos de algunas industrias son una oportunidad para crear piezas muy necesarias”, explica a Journey Ximena Giraldo, Gerente de Servicios a la Ciudad y Gestión Ambiental de la Municipalidad de Lima.

La reutilización de residuos se convierte así en la mejor manera de embellecer la ciudad a bajo costo y reduciendo la huella ambiental. “La primera ‘R’ que tenemos que practicar es justamente la de reutilizar las cosas. Esto tiene múltiples beneficios: económicos y ambientales, por supuesto, pero también el beneficio de la creatividad”, dice Ximena.

El pasaje Tayacaja ahora luce con una pasarela para la recreación de los niños y con áreas verdes cercadas con pallets. El material reciclado adquirió otro valor.

 

En el caso de Monserrate, esta práctica ecoamigable ha permitido que en 2019 se renovara una de las áreas de descanso con maceteros y biohuertos; pero, además, la creación de una zona de juegos en el canal de Tayacaja a partir de 2020. Ambos espacios públicos son aprovechados para la realización de talleres, circuitos lúdicos e incluso breakdance.

“Uno se siente orgulloso al ver que el material reciclado ha servido para el bienestar de todo el barrio. No solo para el uso de los niños, sino también de los adultos”, dice Eduardo, satisfecho al ver que por las tardes es posible encontrar a un grupo de señoras cultivando sus hortalizas y, a la par, a unos jóvenes raperos sentados sobre las bancas de madera.

El cultivo de hortalizas en el barrio Monserrate es una práctica extendida entre las vecinas gracias a la creación de biohuertos con madera reciclada de los pallets.

El esfuerzo de la Municipalidad de Lima, como parte del programa Limeños al Bicentenario, ha empezado a rendir sus frutos: 10 espacios públicos recuperados hasta la fecha, que incluye los dos ubicados en Monserrate. “Y lo más importante es que los propios vecinos son los gestores del cambio”, dice Ximena.

El trabajo mancomunado es la clave. Por eso la alianza con el sector privado potencia aún más este tipo de iniciativas. “Las empresas son nuestras principales aliadas para mejorar la ciudad. Y, en el caso del Sistema Coca-Cola, haber recibido 200 parihuelas o pallets nos ha permitido aprovechar esa madera en la creación de mobiliario urbano”, agrega.

Más de 600 familias de Monserrate ya están disfrutando los beneficios de una vida más sostenible con el uso de las bancas, los biohuertos y la zona de juegos, pero también con la segregación de sus propios residuos a través del programa Recicla Lima. Eduardo ya está convencido de que es la mejor opción: “Todo lo reciclable debe ser aprovechado”. 

Ximena Giraldo, Gerente de Servicios a la Ciudad y Gestión Ambiental de la Municipalidad de Lima, lidera el programa de recuperación de espacios públicos.