Muchos años antes de ser Wandertaku, Jupio Ishiyama se presentó a un concurso de dibujo organizado por Inca Kola, pero no ganó. Aún no se consideraba un ilustrador, no había  estudiado diseño gráfico y a su versión de un Machu Picchu con trazos azules y amarillos le faltó algo para convencer al jurado. Por alguna razón, aún no era su momento.

Ahora que su vida se ha convertido en un torbellino de entrevistas, invitaciones y una procesión interminable de mensajes en las redes sociales, aquel episodio ha reaparecido en su memoria: ese muchacho es ahora el artista detrás de la reciente colección “Botellas del Bicentenario” lanzada por Inca Kola

“Me saqué la espina con este proyecto”, dice, sonriente, en medio de su departamento, mientras sus hijas gemelas, Amelia y Valentina, le ponen color a su casa. Desde que aceptó la invitación de Inca Kola para elaborar el diseño ilustrado de tres botellas de colección, su vida se ha deslizado por un tobogán interminable.

El seudónimo de Wandertaku está formado por la palabra wander (“deambular”) en inglés y taku, que significa “resistente al alcohol” en quechua y “hogar” en japonés. 

Seis semanas de trabajo fueron suficientes para que su carrera como ilustrador alcance el punto más alto desde que empezó de niño con lápices y crayones. “Toda mi vida he dibujado. He dibujado en las paredes de la casa de mi abuela y en los márgenes de mis cuadernos de clase”, recuerda.

Una vez que empezó, no paró: dibujó cuadros, afiches, pokemones, polos, exploró el mundo de los art toys y hasta quiso crear un videojuego. La ilustración siempre tuvo un trazo intenso a lo largo de su vida. Ahora mismo comparte su tiempo entre diseñar y colaborar con proyectos como Origen Peregrino. Pero aparecer en las botellas de Inca Kola ha resultado una vitrina aún más grande.

“No dimensioné el nivel de exposición. Cuando se lanzó la colección pude ver el alcance de una marca tan querida”, dice Jupio. En pocos días, lo contactaron amigos y desconocidos. “Querían tener la colección como un símbolo de peruanidad”, cuenta.

Las tres botellas de Inca Kola cuentan con un personaje que simboliza cada región: el surfer (costa), el torito de Pucará (sierra) y la mujer shipiba (selva). 

Si el Machu Picchu no funcionó en su momento, esta vez la representación de costa, sierra y selva, en cada una de las tres botellas de aluminio de edición limitada, ha logrado tocar las fibras más sensibles de los peruanos. “La gente realmente ha abrazado el proyecto, lo ha hecho suyo. Que una marca conecte a ese nivel ha sido una grata sorpresa para mí”, asegura.

La libertad creativa, garantizada por Inca Kola durante el proceso, y la colaboración de todos los involucrados es algo que Jupio valora porque representa la unión y es un ejemplo de verdadera peruanidad. “Así como yo aporté como ilustrador, todos podemos poner nuestro talento para crear grandes cosas”, dice.

Así como la creatividad, la capacidad de soñar también es infinita. Lo sabe Jupio que, mientras observa el diseño de una de sus botellas, no puede evitar recordar la visita que alguna vez hizo a la fábrica de Inca Kola cuando era un niño o los tantos almuerzos con una botella amarilla en medio de la mesa familiar. “Es una marca que siempre ha estado”, dice.

Pero ahora se ha convertido en una pieza inamovible en su casa. Un santuario ilustrado. Las tres botellas de colección con la firma de Wandertaku tienen un lugar privilegiado en su sala. “No puedo creer que esto esté pasando”, dice. Pero el sueño es real y está lleno de trazos azules y amarillos.

Los tres modelos de las botellas del Bicentenario son de edición limitada y pueden adquirirse en todos los establecimientos al precio sugerido de S/ 4.00.